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Dios,hombre, naturaleza

DIOS. HOMBRE. NATURALEZA
CONFERENCIA, junio de 2011
Pedro López García



PRESENTACIÓN.

Las posibles actitudes ante Dios, como explicación última del Universo, son básicamente cinco: el ateismo y el agnosticismo (No Dios), el panteísmo (Dios igual a la Naturaleza), el deísmo (Dios relojero) y el teísmo (Dios judeo-cristiano)

“Es importante lo que el hombre piense del universo que no se puede separar de lo que piensa sobre sí mismo: el hombre y el universo no son dos totalidades separadas; el hombre guarda una estricta relación con el universo. Porque su naturaleza, en gran parte, está constituida por elementos del mismo; porque el universo es el gran teatro donde se desarrollan las actividades del hombre y, por tanto, es integrante de nuestros proyectos, en cuanto se realizan en él, y porque además el mundo acogerá nuestro cuerpo al final de nuestro existir. De forma que lo que pensemos del universo influirá necesariamente en nosotros” (Leonardo Polo. Presente y futuro del hombre).

Pero la visión del universo está en crisis, en buena crisis. No es que no tengamos una buena Física, Química o Biología. La cosmovisión científica actual sugiere que el universo está atravesado en su interior por una racionalidad que debe remitir a una inteligencia personal. Nos encontramos por primera vez en la historia con una cosmovisión completa, unitaria, científica y rigurosa del Universo, en la que destacan los aspectos relacionados con la racionalidad, la información y la creatividad. No es que agote todo lo que se puede conocer, sino que se extiende a todos los niveles de la Naturaleza, desde el microfísico hasta el astrofísico pasando por el biológico, e incluye elementos fundamentales acerca de cada uno de sus relaciones mutuas (Mariano Artigas. La mente del Universo)

Y, sin embargo, el hombre se encuentra perdido entre dos infinitos: lo infinitamente grande y lo infinitamente pequeño (Jaspers). Además representado por un lenguaje matemático que no sabemos qué representa de la realidad; aunque ciertamente la representa. Acotándolo con un ejemplo del avance científico, se puede decir que la biología molecular tiene a su alcance el desenmarañamiento del ovillo en cuyo hilo está el principio de la vida. Nos llevará todavía mucho tiempo, pero al final, sabremos mucho más de lo que ahora sabemos; y nos tirará por tierra bastantes de los supuestos que ahora tenemos casi como básicos e inalterables. Lo que la biología no nos dirá nunca –y esto es lo que nos desarma y desconcierta profundamente por ser la pregunta simplicísima y definitiva- es el hecho de que el mundo es, cuando podría no haber sido; el hecho de que estamos en él, cuando podríamos no haber estado. Es, somos, esta es la rudimentaria gramática de lo incontestable e inapelable.


1. No Dios. Increencia:

1.1. Ateísmo:

Hombre y Naturaleza: sólo existe la materia. Materialismo teórico:
a) el materialismo científico (Compte y el positivismo);
b) el materialismo histórico social (marxismo);
c) materialismo del superhombre. Nietzsche. La raza. Nazismo;
d) materialismo evolucionista. Naturalismo. El hombre-mono. Neodarwinismo. Monod. Stephen Hawking.
e) materialismo de los instintos. El pansexualismo. Freud y Marcuse. Psicologismo.

En el caso del ateísmo, no existe ni pueden existir pruebas de la no existencia de Dios.

Es lo que ha constituido la base las ideologías utópicas del siglo XX, que nos han llevado a un desastre colosal.

Jacques Monod (Azar y necesidad): “por fin sabemos que estamos completamente solos ante una Naturaleza que nos es indiferente”

1.2. Agnosticismo. Imposibilidad de conocimiento cierto más allá del empirismo. Pragmatismo.

Se niega la existencia de una naturaleza humana. Pacto social (Hobbes, Locke, Rosseau). Derechos humanos consensuados.

El existencialismo es la reacción a las ideologías, al hombre colectivizado, al hombre-masa, al hombre-dominio, al racionalismo en suma.

La Naturaleza queda tocada a fondo con la visión racionalista y voluntarista. El hombre amo del mundo. El mito del progreso indefinido. El hombre medida de todas las cosas.

El agnosticismo es cuanto menos poco coherente con el espíritu racional que nos lleva a buscar explicaciones de todo cuanto existe. Es una dejación voluntaria del pensamiento.

Al fracaso de las ideologías, surge el escepticismo: la mentalidad utilitarista del postmodernismo; y el subsiguiente relativismo. Se trata de la llamada racionalidad estratégica, donde todo es eficacia, eficiencia, objetivos (cálculo), sin importar los fines (se omiten), y en la que todo tiene precio: comerciable y negociable por consenso táctico. Nada tiene verdadero valor: nihilismo axiológico. Frustración contemporánea. Después de Auschwitz ya no queda lugar para Dios.

Este período de las ideologías y del rastro dejado por el postmodernismo ha sido, pues, históricamente agotado. Estamos en una encrucijada.

La muerte de Dios, es la muerte del hombre. El hombre una pasión inútil. Ser para la muerte.

En ambos casos, el hombre es dueño de la Naturaleza. No tiene que rendir cuentas a nadie…, sino sólo a él mismo… y está sólo en la inmensidad del Universo: sin finalidad, ni trascendencia.

La gran cuestión ecológica revoluciona toda esta visión y la pone patas arriba.

2. Dios inmanente:

2.1. Identificación con el hombre. El superhombre. El hombre ser sagrado para sí mismo. La violencia. La raza, la etnia, la nación, la tiranía. Es una especie de ateísmo.

Las relaciones entre Naturaleza y hombre quedan a voluntad de éste: la transformación por el desarrollismo.

Pero no hay respuesta para el dolor y la muerte. Sólo queda el absurdo y poder decidir autónomamente de modo absoluto sobre la propia vida, o, en caso de indefensión, sobre la ajena.

2.2. Identificación con la Naturaleza. Panteísmo. Naturaleza eterna. Ciclos cósmicos repetitivos. Caos. Imposibilidad de racionalizar. Religiones orientales donde prima lo subjetivo, la experiencia mística. No hay orden, porque no hay finalidad, ni principio, ni fin, ni mente rectora, ordenadora, creadora. Religiones de la tierra. Culto a la tierra: Diosa madre. New age. Deep ecology. La especie humana depredadora.

Hoy día proliferan las propuestas de reencantamiento y redivinización de la naturaleza, incluso dentro de la ciencia que viene a ser así un sustitutivo religioso: todo lo que se puede hacer, se debe hacer.

El panteísmo pretende responder a los interrogantes últimos que nos planteamos ante el universo, pero, aunque admitamos la presencia activa de Dios en todo el universo, no es posible identificar a Dios con ninguna criatura ni con todas en su conjunto, porque todas las dimensiones de las criaturas son limitadas y contingentes y, por tanto, no pueden identificarse con algo divino en sentido estricto.

3. Dios trascendente:

Desencantamiento del mundo (Max Weber).

El cristianismo desdiviniza al mundo; pero lo vuelve a “encantar”.

3.1. El otro no revelado. Deísmo. El gran arquitecto o relojero.

El deísmo da razón de la existencia del universo, pero no resulta coherente afirmar que un Dios infinitamente bueno, poderoso e inteligente da la existencia al universo y luego lo abandona a su propia suerte.

El deísmo es propio de la Ilustración. De la diosa razón. Del racionalismo. La imagen que da del universo como una gran máquina (mecanicismo) ha sido superada. El hombre propietario de la Naturaleza.

El deísmo está tocado y desemboca en el agnosticismo. Laplace a Napoleón: “Dios se ha convertido en una hipótesis innecesaria no sólo en la física, sino también en la biología y en la antropología”. Dios entre paréntesis. Dios ocioso, recluido en el Olimpo

3.2. El Otro meramente trascendente. Monismo. Alá. El Islam. Teocracia. Maniqueísmo. El mundo creado por un demiurgo malo. Represión de la mujer, de lo humano… Sensualismo. Fatalismo.

3.3. Trascendente e inmanente:

3.3.1. El judaísmo (interviene desde el más allá)
3.3.2. Dios en la historia. El Cristianismo

En ambos casos, se dan unos principios bíblicos:

El hombre creado a imagen y semejanza de Dios. El hombre forma parte de la Naturaleza y, al mismo tiempo, la trasciende. Libre albedrío. Igualdad de sexos. El hombre depositario de los derechos de Dios. Creado para multiplicarse y dominar la tierra (como administrador). Inmortal. Creado para gozar de la intimidad de un Dios personal (trinitario, familiar, en el Cristianismo).

En el cristianismo: separación complementaria entre fe y ciencia; persona y sociedad; Dios y hombre; naturaleza y gracia; libertad humana y acción de Dios.

Naturaleza. Para disfrute y gozo del hombre. El mundo es bueno porque ha salido de las manos de Dios. Es inteligible. Posee orden. Manifiesta la bondad de Dios. Las criaturas, medio de acceso al Ser (Yo soy el que soy).

La Ciencia nace en el occidente cristiano. Presupuestos:

- ontológicos: la Naturaleza es cognoscible porque refleja al Dios conocido y revelado en la Biblia. Cristo -Logos de Dios-, primicia de todas las criaturas: por Él han sido creadas: es la sabiduría eterna de Dios. Paul Davies ha escrito que “El éxito del método científico para descubrir los secretos de la naturaleza es tan sorprendente que puede impedirnos advertir el milagro mayor de todos: que la ciencia funciona. Incluso los científicos normalmente dan por supuesto que vivimos en un cosmos racional y ordenado, sujeto a leyes precisas que pueden ser descubiertas por el razonamiento humano. Sin embargo, por qué esto es así continúa siendo un atormentador misterio (…). El hecho de que la ciencia funcione, y funcione tan bien, apunta hacia algo profundamente significativo de la organización del cosmos”. Einstein: “Lo más incomprensible del Universo es que sea comprensible”.

El mundo es racional e inteligible. Lo sorprendente es que el razonamiento humano tenga tanto éxito en alcanzar explicaciones acerca de las partes del universo que no pueden ser alcanzadas directamente por nuestras percepciones. Habilidades del lenguaje (matemático, modelos, etc.), la interpretación, la interrogación, las teorías y sistemas, la contrastación empírica, la tecnología y la experimentación que retrojustifica, amplía y precisa los supuestos que le sirven de base. La Naturaleza abierta: información, innovación, creatividad…, proceso evolutivo, pero no azaroso y necesario, sino finalístico y contingente.

- Epistemológicos: el hombre es capaz de conocer, trascendiendo los sentidos: razón, teoría, lenguaje, intersubjetividad, etc. Dios ha creado al hombre a su imagen y semejanza. La inteligencia humana chispazo de la inteligencia divina

- Éticos: el hombre está hecho para trabajar y dar gloria a Dios dominando sobre la Naturaleza: lo hace ser mejor y mejora a los demás. Caridad y servicio en el cristianismo. No hay fatalidad. El hombre ser sin límite: se hace a sí mismo, cooperando con Dios, a través de la historia. La libertad y la responsabilidad. El ethos humano.

Se puede resumir todo esto afirmando que la Naturaleza es como un libro escrito en un lenguaje que utiliza símbolos cuyo significado debe ser interpretado; algunas interpretaciones vienen fijadas mediante convenciones o estipulaciones aceptadas, y otras parecen abiertas: un mismo texto puede admitir diferentes interpretaciones. Pero todo esto no es fruto meramente de la “observación” sino que ha sido necesario desplegar, desde estos supuestos, una capacidad argumentativa, interpretativa y creadora muy notables. Así actuaron los grandes científicos del XVI y XVII: Copérnico, Kepler, Galileo, Newton.

La Naturaleza está atravesada por una inteligencia “inconsciente”, en el sentido de que sabe a dónde va y como actuar: el electrón no sabe física, pero se comporta como si supiera; las moléculas de aminoácidos no saben química, pero se comportan como si supieran; el virus del SIDA no sabe biología molecular, pero se comporta como si supiera. El Universo posee un alto grado de organización, direccionalidad y cooperatividad.

CONCLUSIÓN

Christian de Duve afirma, de modo gráfico, que Dios puede jugar a los dados con la seguridad de ganar, porque juega con dados trucados (Heisemberg), frente a la idea impensable para Einstein de que “Dios no juega a los dados”; o la de Jacques Monod de que “nuestro número salió en el casino de Monte Carlo”. Para Monod, el hombre está solo; para Christian de Duve es que “la célula no podría haber podido originarse por un azar ciego si el universo no lo hubiese llevado en su seno… porque el azar no operó en el vacío. Actuó en un universo gobernado por leyes precisas y constituido por una materia dotada de propiedades específicas”. Puede existir un plan divino, y éste comenzó con el Big-Bang.

La contemplación del poder y la sabiduría de la naturaleza –que produce fascinación- conducen de la mano a la afirmación de un Dios personal creador y providente que, si bien se encuentra envuelto en el misterio porque trasciende completamente el nivel de las criaturas, permite comprender la grandeza de la creación.

Dios no ha querido crear de una sola vez todo lo que existe, sino que ha preferido crear el universo en un estado incompleto, con la capacidad de desplegar unas virtualidades cuya actualización conduce a nuevos estados que, a su vez, poseen nuevas virtualidades, y así sucesivamente, hasta llegar al estado actual. La creatividad de la naturaleza iría de la mano con la acción divina que la hace posible y al mismo tiempo la utiliza para llegar a los resultados deseados. Este modelo de la acción divina parece ir más de acuerdo con un Dios que, porque Él mismo lo ha querido, desea contar habitualmente con la acción de las criaturas de acuerdo con las virtualidades que Él mismo ha otorgado.

EPÍLOGO

Cuenta Justo Aznar que en cierta ocasión volvía de un Congreso en América en avión. Comenzó a leer el libro de “El mundo de Sofía”. Recordaba una conferencia de una colega suya que “versó sobre la actualización de algunos de los nuevos mecanismos que tratan de explicar la transmisión de los estímulos que activan las células humanas, y en nuestro caso concreto, la plaqueta, que tiene como finalidad evitar hemorragias. Multitud de sustratos, enzimas, activadores e inhibidores, todos orientados a una única finalidad, que es transmitir un estímulo para que se active una célula, que a su vez, contribuye a un complejo proceso orientado a que, cuando nos cortamos afeitándonos o se nos va el cuchillo en la cocina, no perdamos excesiva sangre por esa lesión. Recientemente habían dado el premio Nobel a un investigador que había identificado a las famosas proteínas G, transmisores situados en las membranas citoplasmáticas.

Sumido en el mundo de Sofía, en las proteínas G, de pronto el piloto nos advirtió que mirásemos debajo nuestro a las cataratas de Iguazú. Era un pequeño punto de mil espumas en plena selva brasileña. Recordé la impresión que tuve cuando, en otro viaje, las pude contemplar a pie de río, algunos años antes. Allí yo era un pequeño punto en el mar de agua desparramándose por la montaña. La catarata era la impresionante majestuosidad del poder de la Naturaleza. Ahora, desde el avión, la catarata era otro pequeño punto perdido en la inmensa selva tropical. ¡Cómo se transformaba en diminuto, aquello que en otro momento me había parecido inmenso! El avión continuaba su ruta y se hizo de noche. Y apareció un mar de estrellas. Pensé en el mundo astral, y en la tierra como un diminuto punto en el extrarradio de una galaxia, con cien mil millones de estrellas; de un universo de millones de galaxias… De nuevo volví a recordar los mecanismos de acción de las proteínas G; y lo que significa toda esa sofisticación de la Naturaleza. Y las cataratas de Iguazú, y el Universo entero inmedible… Y que todo eso hubiera podido suceder por azar y que continúe sucediendo por azar y que, por azar, todo esté orientado a una finalidad ordenada, hacia el bien de algo orgánicamente minúsculo: el hombre. No era posible tanta ventura azarosa. Y atisbé, en el fondo de mí, la respuesta a la única pregunta que no contesta el autor de “El mundo de Sofía”. Sólo un Dios bueno podría haber creado todas esas maravillas que, relacionadas, sirven para regocijo de los hombres y la grandeza de Dios.”
 
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