EL CUERPO HUMANO. UNA VALORACIÓN - Servicio Católico

Buscar
Vaya al Contenido

Menu Principal:

EL CUERPO HUMANO. UNA VALORACIÓN

CONCEPTO Y VALORIZACIÓN DEL CUERPO HUMANO A LO LARGO DE LA HISTORIA. PRINCIPALES COSMOVISIONES ACTUALES
Pedro López García / conferencia marzo 2012
bio-logo.blogspot.com



1.- EL CUERPO HUMANO. UNA VALORACIÓN

a)Prehistoria:

Desde el paleolítico superior (30.000 años) se tiene ya constancia de enterramientos rituales. En el proceso de humanización, el hecho del enterramiento ritual, supone un salto cualitativo del “animal” al hombre. El arte se desarrolla con gran perfección: es un arte rupestre, representando escenas de caza y de la vida diaria. Forma parte también de las creencias religiosas del homo sapiens primitivo. Hay ritos funerarios que alcanzan gran perfección. Al inicio del Neolítico, hacia el año 8.500 a.C., con el comienzo de los asentamientos humanos, el arte funerario adquiere gran complexión: es la época del Menhir y otros monumentos funerarios. Hay enterramiento singular, uno a uno.

b)Comparativa animal-hombre:

El enterramiento no se produce entre los mamíferos superiores, excepción hecha del hombre. En sus observaciones sobre los chimpancés, la primatóloga Jane Goodall, detalla la escena de una madre-chimpancé que llevaba a su bebé muerto, y lo mantuvo junto a ella, durante 24 horas. Le reanimaba, le daba cachetes, lo agitaba, trataba de amamantarlo… Después de intentarlo durante todo un día, al comprobar que no respondía a sus estímulos –en realidad, llevaba 24 horas muerto-, lo arrojó lejos de sí, lanzándolo al suelo con violencia. Goodall concluye de esta y otras observaciones, que el chimpancé no es consciente de la muerte; y mucho menos, de su trascendencia (enterramiento).

c)Explicación y consecuencias:

El enterramiento que se inicia claramente en el paleolítico superior, y que transcurre hasta nuestros días, exclusivamente en nuestra especie, supone un reconocimiento trascendente y valorativo. Por una parte, supone la creencia de que hay algo que trasciende: eso que hace que el ser humano, un instante antes, esté vivo; y un instante después, sea un cadáver. Este hecho evidente, ha llevado a todas las culturas a pensar lo que Sócrates ya anotó en el s. V a.C.: el hombre es un animal espiritualizado; y posee un alma inmortal. La idea de la inmortalidad es el origen del enterramiento. El cadáver tiene una dignidad, aunque sólo sea porque ha sido la morada de algo que supera la barrera de la muerte.

El hombre necesita también vivir en las raíces y considerar y valorar –dar culto, es valorar- a los difuntos. El hecho de que en la actualidad, ante cualquier catástrofe –o muerte violenta- los familiares quieran rescatar el cadáver, supone una necesidad psicológica profunda, no sólo para comprobar la veracidad de la muerte, sino también para poder acudir a venerar a los difuntos. Y rezar ante sus restos.


2.- Historia e inicio de las principales cosmovisiones del cuerpo humano (y del ser humano)
Desde la antigüedad clásica griega se han señalado las principales corrientes de pensamiento antropológicas, que podemos resumir en los siguientes planteamientos:

a)el hombre es un ser material. Quizá el primer gran filósofo materialista sea Demócrito (s. IV a.C) el cual sostenía que todo es materia y que ésta se descompone en átomos –lo que no tiene componentes ni partes-. Según Demócrito los átomos se van formando y disgregando dando variedad de formas corpóreas y también el alma del hombre que no sobrevive con la muerte de éste.

b)Platón afirmará que el cuerpo es la cárcel del alma. El mundo real es el de las ideas (arquetipos) y el ser humano sufrió una hecatombe por la cual devino en materia. Lo importante es liberarse del cuerpo. Tiene influencias orientales y dará lugar a la escuela de los estoicos. Y más adelante, a los gnósticos y maniqueos.

c)Aristóteles es el menos valorado en su momento, pero el que más influencia ha tenido. Su teoría, siguiendo una gran intuición, es que para definir algo, primero hay que darle un género –un punto en común con otras cosas semejantes- y después especificarlo –considerar lo que le hace diferente de aquellos con lo que tiene algo en común-. Siguiendo esta teoría –y en paralelo con su metafísica: teoría hilemórfica- dirá que el ser humano es un animal racional. Este será el modo en que Linneo clasificará a los seres vivos: género y especie.

d)A estas tres visiones, se añadirá la visión cristiana antropológica, que se discutirá más adelante.

e)Disociación modernista (Descartes). El hombre un yuxtapuesto de res cogitas y res extensa. Consecuencias del dualismo moderno.

3.- Cosmovisiones actuales del cuerpo humano (y del ser humano):

Sigo en este apartado, la clasificación que hace Juan Luis Lorda en su breve ensayo “Para una idea cristiana del hombre”. Ed. Rialp

Simplificando un poco, como es natural, se puede mostrar, procediendo de modo analógico, los cuatro grandes niveles:

1.- La materia;
2.- la vida (psiquismo inferior);
3.- la conciencia espiritual; y
4.- la revelación de lo personal

Atendiendo a cada uno de estos niveles y, según se ponga el punto de mira en un aspecto u otro, nos encontramos con diversas visiones del hombre, no siempre contrapuestas ni antagónicas, aunque tampoco coherentes entre sí, pues mutuamente se excluyen en muchos aspectos.

4.- El materialismo constructivista:

Se trata de una visión materialista del ser humano, que se contempla como un producto ciego –y aciago- de la naturaleza, un enfoque meramente “técnico-científico”.

En un primer momento, el racionalismo supuso que el ser humano –reducido a mero cuerpo- se trataba de una mera “máquina” perfeccionada por la evolución (mecanicismo).

Esta visión está basada en el hecho de que todo lo material se compone de los mismos elementos:

a)a nivel físico: átomos, que contienen protones, neutrones y electrones. Éstos, a su vez, están formados por fermiones (clasificados en dos grupos, los leptones y los quarks) y unidos por los las partículas mediadoras de fuerzas (bosones).

b)A nivel químico, toda la materia se reduce a los elementos de la tabla periódica de Mendeléyev; y su capacidad para combinarse y formar moléculas;

c)A nivel biólogico, todos los seres vivos están formados por DNA (material genético), proteínas, grasas e hidratos de carbono.

Su explicación meramente descriptiva no da cuenta de la complejidad de la realidad e impiden ver más allá: la idea del por qué. ¿El porqué de la existencia del hombre y, en general, de universo? En la mayoría de los casos, la obvian; y en otros, la niegan, como creencia. Ejs. Jacques Monod (“Azar y necesidad”), Sthephen Hawking (“Historia del tiempo”), Carl Sagan (“Cosmos”).

Esta visión mecanicista se ha desvirtuado por las limitaciones de la propia ciencia: principio de incertidumbre (Heissemberg), mecánica cuántica, condiciones de partida (Arecchi), física del caos (Prygoguine), etc.

Normalmente, dicen que lo que ahora nos resulta inexplicable se sabrá en el mañana. Y la finalidad, sencillamente se niega: no hay proyecto, ni idea. Sólo evolución ciega. Es como si el Quijote fuera una simple acumulación azarosa de letras, sin autor.

4.- El naturalismo vitalista:

Esta segunda cosmovisión es antigua. Algunas doctrinas orientalistas –en general, las religiones telúricas de la tierra-madre, como animistas, nórdicas, algunos hinduistas, etc.- se basan en una concepción “vitalista”: percibe el mundo como algo vivo y en movimiento. El romanticismo, en oposición al racionalismo, exaltó el vitalismo. La evolución darwinista tuvo una especial importancia en su desarrollo e implantación. La naturaleza tiene un principio vital inherente, dentro de sí, que lleva a la manifestación de múltiples formas de vida. La lucha por la vida y la selección natural fueron introducidos como elementos de supremacía de las razas.

Entre los biólogos este sistema ideológico múltiple, ha dado intuiciones como la de “Gaia” (James Lovelock) que piensa que el planeta tierra, en su conjunto, se comporta como un ser vivo, como un todo. De aquí han derivado algunos movimientos ecologistas como la “deep ecology”.

También la visión materialista del aspecto vital ha llevado a la sociobiología (y subsiguiente eugenesia): ya desde el siglo XIX, en tiempos de Darwin, Herbert Spencer inició el movimiento de sociobiología, aunque no fue hasta Edward O. Wilson, cuando en 1975, publica la Nueva Síntesis a partir de la cual el autor aborda en forma general (holismo) una serie de cuestiones problemáticas, no resueltas dentro de la Teoría Sintética de la Evolución biológica. Wilson nos entrega una nueva manera de enfoque del término conducta, obviamente muy desarrollado por los etólogos hasta el momento. Así comenzamos a hablar de conducta altruista, que hasta el momento no había recibido este enfoque. Todos explicaban la conducta desde el punto de vista de los beneficios que trae al grupo o la especie. La Sociobiología explica que el altruismo existe porque beneficia a los genes del individuo que la emite. La sociobiología propone que la selección natural actúa sobre el individuo y no sobre el grupo. El éxito reproductivo es aquel que obtiene por ser capaz de transmitir sus genes a la próxima generación (cfr. Wikipedia).

De esta forma, el “individuo” ya no es el animal, sino el gen. Y si esto se lleva a su extremo (Richard Dawkins) lo que nos queda son los genes egoístas: una manera simple y por eso mismo exitosa del explicar todo sin decir nada. Estos autores hablan de “holismo” vitalista, pero se asemejan a los racionalistas en todo lo demás: son materialistas, aunque reconozcan un principio no reducible a la física y a la química: el principio vital.

Aunque estos movimientos tienen algo de “verdad”, en cuanto que expresan con vigor el misterio de la vida, son, sin embargo, en muchas ocasiones, reduccionistas, al tratar de explicar el todo por la parte (la de ellos), y de ahí su inhumanidad latente o patente.

Las cosmovisiones anteriores son fuertemente tristes y aciagas.

5.- El todo como espíritu:

Desde antiguo también hay una concepción del mundo y del ser humano anclada en la importancia de lo espiritual, frente a lo corpóreo. Las religiones hinduistas, el budismo y taoísmo, como expresión más filosófica que religiosa, se han caracterizado por un cierto estoicismo. La necesidad de la purificación del espíritu, con un rechazo de lo corpóreo. Proceden todas estas doctrinas del maniqueísmo: dos principios fundantes o creadores: el bueno, da origen al espíritu; el malo, a la materia. Son básicamente panteístas; y es necesaria la purificación de lo material para ascender a lo espiritual, puesto que el principio maléfico ha hecho descender lo espiritual a lo material, en una especie de degradación del ser.

El idealismo-panteísta se fija en las dimensiones cognoscitivas del universo y del espíritu, de forma que se afirma una conciencia universal, un espíritu único, con epifenómenos múltiples y cíclicos (por ej., reencarnaciones). El ser humano, no sería más que una parte del todo. El cuerpo es el principio de degradación: ha de ser purificado hasta llegar al nirvana: la integración en el todo. Se trata de un panteísmo espiritualista.

En occidente, la mejor expresión –racionalista y eliminadas las mixtificaciones y supersticiones- nos la da la filosofía hegeliana. Sin embargo, Hegel no parte de la “meditación trascendental” como los orientales, sino de una doctrina filosófica. Anclada en la conciencia y en el absoluto teórico: su experiencia básica es el dinamismo de la cultura como saber objetivado. Su espíritu es el espíritu objetivo de la cultura no el de la conciencia individual.

El orientalismo en occidente ha dado lugar a diversos movimientos en occidente denominados “New Age”: eclecticismo, autoayuda, panteísmo sin Dios. Impregnan también un cierto misticismo desencarnado, perceptible también en las corrientes sufíes del Islam y del misticismo natural.

Estas doctrinas, tratan de expresar una cierta verdad: que el cosmos está impregnado de inteligencia, sabe descubrir la conciencia humana, pero la diluye en el todo: lo importante es la “comunidad”, no el individuo…

6.- Un universo personal: el cristianismo.

Mientras que las visiones materialista y vitalista reducen el hombre a sustratos inferiores y la cosmovisión espiritualista lo difumina en una totalidad, el cristianismo –no hay que olvidar que es una “religión revelada”, que impregna aún todavía a occidente- parte de una concepción de la persona, como un todo, sin disolverse en el todo. La palabra persona procede de la teología cristiana. Durante siglos se fue conceptualizando para clarificar el dogma trinitario y cristológico: tres en uno; uno, con dos.

a)Parte del principio creador del Dios bíblico.

b)Manifiesta que en Dios hay una trinidad: Dios es comunión, es amor. Un ser personal, no una idea. Es relacional, no solitario. Abierto, no clausurado.

c)El hombre es creado a imagen y semejanza de Dios. Imago Dei, capax Dei. La perfección del hombre, su finalización está en lo relacional: el amor que se dirige hacia…

d)la culminación del hombre está en Cristo (verdadero Dios y verdadero hombre): sólo Él revela el hombre al propio hombre (Gaudium et Spes, n. 22).

El cristianismo pone de manifiesto la grandeza del hombre; la unicidad irrepetible y personal de cada criatura humana, el cuerpo como imagen de Cristo –primicia de toda criatura- y el cuerpo como templo y morada de Dios. Y la realización del hombre es la entrega sincera de sí mismo (Gaudium et spes).

7.- La deriva de la Ilustración: del racionalismo al pensamiento débil y relativista actuales.
El racionalismo nació en un ambiente cristiano, y, en cierto sentido, para dar razón de lo cristiano; pero apoyada sólo en la noción de razón y libertad (innovación científica y tecnológica). Sin embargo, pronto derivó en un deísmo, desligado de cualquier revelación (cristiana). Presupone que los frutos de la civilización hay que buscarlos en la razón y la cultura humanas, pero Dios, aquí, no es más que mera hipótesis (deus otiosum). Cuando Kant defendió que el único conocimiento real y viable era el científico-técnico, dio la puntilla a lo religioso que quedaba en la esfera de lo irracional y privativo. De ahí que la religión fuese considerada como superstición que, en el mejor de los casos, se podría tolerar en el ámbito privado. Muchos ilustrados se han ido decantando hacia posiciones materialistas, sin posibilidad de mantener valores éticos universalmente observables como sostenía, en un primer momento, la Ilustración (Libertad, Igualdad, Fraternidad).

Otros, han quedado reducidos a un humanismo vago e intrascendente. Una especie de “todo el mundo es bueno”. De ahí al relativismo sólo hay un paso. Kelsen dirá que no hay verdad absoluta: todo es consensuado y pactado. Ya no desean saber la verdad: simplemente se ha renunciado a saber qué es lo bueno, lo justo, lo verdadero. Es un relativismo gnoseonológico y ético. Es una declaración de rendición intelectual. Es la ley de la selva: sólo el fuerte, sobrevive.

8.- Una nueva perspectiva.

El mensaje cristiano, después de los diversos intentos más o menos sistemáticos de combate, permanece no sólo intacto sino que culturalmente sale especialmente reforzado. No hay que olvidar que la fe cristiana no sólo asume los valores positivos de las otras cosmovisiones, sino que además asume de forma propia la confrontación tanto ideológica como científico-técnica, revalorizándose especialmente. La concepción del cosmos y del hombre que transmite la revelación cristiana lleva a conceptos tan fundamentales como: la importancia de la persona humana; el cuerpo no como una tenencia, sino como ser; su libertad; la intimidad y la conciencia; la unicidad; irrepetibilidad; el deseo de felicidad; la realización de ésta como entrega sincera y gratuita de uno mismo a los demás; la solidaridad y los principios de la doctrina social, basados en el respeto, dignidad, e igualdad del género humano; la posibilidad del acceso a la verdad; el universo creado para disfrute, lleno de belleza; el amoroso cuidado que el hombre debe tener por todas las realidades creadas; etc.

9.- Conclusiones:
1.- Un servidor, pesa 70 Kg. Está compuesto en su mayor parte (80%) de agua. El valor de 55 litros de agua, puede estimarse en cinco céntimos de euro. El resto, son grasas –se puede hacer jabón-, algunas proteínas, ácidos nucléicos e hidratos de carbono, que puede ser alimento. En componentes y peso seco (15 kgr., aprox.): se compone de carbono, hidrógeno, oxígeno, nitrógeno, calcio, azufre, fósforo, potasio, sodio, hierro, magnesio y otros oligoelementos (flúor, zinc, cobre, silicio, vanadio, estaño, selenio, manganeso, yodo, níquel, molibdeno, cromo y cobalto). El precio en el mercado de materias primas no llega a 15 céntimos de euro.

2.- Una persona joven, de 20 años, puede dispensar una buena ayuda como esclavo a quien lo compre. En este caso, su valor es mucho más apreciable, hasta que consuma más de lo que produzca.

3.- Un neonato o bebé con una grave dificultad que le produce una dependencia de por vida, tiene un elevado coste social, pues va a detraer muchos recursos, sin aporte proporcional.

4.- Un padre, puede intercambiar a su hijo de 4 años por un cubo de 15 litros de agua y un saquito con la composición térrea proporcional.

5.- Una persona puede decir: sin ti no puedo vivir.

6.- Un prisionero de Auschwitz puede elegir sustituir a otro, al que no conoce de nada, para ser castigado, en su lugar, a morir de hambre y sed

Todo esto se deduce de lo anterior.

Es indiscutible lo que señala Leonardo Polo (en ‘Presente y futuro del hombre’) de que “es importante lo que el hombre piense del universo que no se puede separar de lo que piensa sobre sí mismo: el hombre y el universo no son dos totalidades separadas; el hombre guarda una estricta relación con el universo. Porque su naturaleza, en gran parte, está constituida por elementos del mismo; porque el universo es el gran teatro donde se desarrollan las actividades del hombre y, por tanto, es integrante de nuestros proyectos, en cuanto que se realizan en él, y porque además el mundo acogerá nuestro cuerpo al final de nuestro existir. De forma que lo que pensemos del universo influirá necesariamente en nosotros”.


 
Copyright 2015. All rights reserved.
Regreso al contenido | Regreso al menu principal