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En defensa de la verdad

¿Hay una vara de medir o dos? En defensa de la verdad
Juan Luis Selma / diariodejerez.es



Cuando vemos que hay diversas varas de medir, que se manipulan las cosas, y esto nos molesta, y nos parece injusto, estamos afirmando que hay verdad

Las dos famosas varas de medir están de actualidad, han llenado las páginas de algunos periódicos. Otros no se dan por enterados. A algunos les parece que es libertad de expresión blasfemar, pero que otros discrepen de ciertas ideologías es signo de intolerancia y un atentado a la democracia. Esto nos plantea el debate sobre la verdad o como dijo aquel famoso gobernador romano: ¿qué es la verdad? ¿hay verdad?

Gracias a Dios aún nos gusta la sinceridad, no queremos que nos mientan, que nos engañen. A los niños les decimos que mentir está feo. Nos molesta cuando nos dan gato por liebre. Nos sentimos mal cuando nos toman el pelo los políticos, cuando nos dan una información falsa en los medios. Cuando lo que hemos comprado no nos ofrece las prestaciones que ofrecía. No queremos que nos mientan. Tenemos sensibilidad para reconocer lo verdadero, lo auténtico. Todo esto nos da pistas sobre la verdad.

Verdadero es lo real, lo que es, lo que se muestra sin tapujos. La verdad no es apariencia, ni lo que a mí me parece. Se podría decir que la verdad no está en mí, no la hago yo, no depende de que me guste o de que me sirva. La verdad está ahí, es. Y si quiero la puedo buscar, la puedo encontrar, pero no la puedo crear, ni manipular. La verdad es independiente, no tolera la manipulación. La verdad compromete no sólo el entendimiento, sino todo el vivir. No se deja seccionar. Se abraza entera o se rechaza, sin medias tintas.

La verdad es algo muy grande, que merece un respeto. Es triste ser un manipulador de la verdad. Cuando se juega a ser Pinocho, siempre te acaba creciendo la nariz. Por eso no creo en las comisiones sobre la verdad, que casi siempre llegan a conclusiones que nada tienen que ver con la verdad, pues intentan vendernos "su" verdad. El Infante Don Juan Manuel decía que «los engaños con la verdad son los peores, ya que nada existe más sutil que la verdad engañosa».

Para ver la verdad hay que tener una mirada limpia, hay que amar la luz, hay que enfrentarse a la realidad con respeto, dejarse asombrar, enriquecerse por las cosas en sí. Hay que ser inocente, sin prejuicios, sin intereses. Sólo el niño del cuento fue capaz de decir que el rey iba en paños menores. El mismo rey, los demás que buscan su favor, o mienten al mostrar asombro ante la belleza del traje real o eran tan ciegos que incluso se lo creen. Nos podemos preguntar si conservamos la capacidad de captar la verdad, de dejarnos ganar por su belleza. Lo verdadero siempre es hermoso porque es real. La mentira, la conveniencia, lo políticamente correcto puede estar bien considerado, me puede ayudar a trepar en un sistema corrupto, me puede servir para mis oscuros intereses, pero nunca me hará feliz, nunca será luminosa, fuente de libertad, porque no es.

Los ejemplos son abundantes. El famoso periódico de partido Pravda, que en ruso significa "la verdad", mentía impunemente. La propaganda de la ideología nazi decía que los judíos, gitanos… no eran seres humanos. Hoy en día también se desfigura la verdad, se inventan palabras y conceptos, se estigmatizan vocablos por considerarlos antiguos, se pide que una nueva inquisición amordace a los disidentes de las ideologías, como la de género, porque son un peligro para la nueva sociedad que pretenden construir.

Pero la verdad siempre gana, le pasa igual que a las torrenteras dormidas, manipuladas por la fiebre constructora; cuando llega la fuerza del agua desbarata todos los obstáculos y recupera su cauce. Es la fuerza de lo real, de lo que es. La verdad manipulada, pensada, coloreada, idealizada, puede tener mucha apariencia, incluso puede parecer verdadera o más bonita que la real, pero es falsa. Un amigo decía que un estupendo bocadillo de jamón de jabugo pensado, soñado, deseado, idealizado, nunca quita el hambre porque no existe, sólo está en mi imaginación.

Cuando vemos que hay diversas varas de medir, que se manipulan las cosas, y esto nos molesta, y nos parece injusto, estamos afirmando que hay verdad. Que hay algo que es objetivo, que resplandece. Estamos ganados por la verdad. Hay esperanza de ser libres. Nada esclaviza tanto como la mentira. La verdad a medias, maquillada, falseada por los intereses, puede tener un cierto brillo, pero se desmorona ante el resplandor de la verdad. Parafraseando a Étienne Gilson, una de las principales funciones de la persona buena, del que tiene ideales, ganas de servir, es precisamente mantener la verdad ante la mirada de los hombres. Como una insignia, como una bandera. Ser amigos de la verdad. Buscadores de la verdad. Vivir en la verdad.



 
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