Aprender a convivir

Mónica de Aysa
 
 

Con la memoria hay que tener cuidado, porque  suele asociarse a la sintonía afectiva en la que nos encontremos. Si estamos tristes, vemos el resumen de nuestra vida negro. Si estamos furiosos, sólo recordamos lo que año, tras año, nos ha enfadado. Hay que esforzarse por ser objetivos en los momentos en los que las cosas no marchan bien.

Forzar la memoria y la imaginación para volver a los buenos momentos y sacar fuerza de ellos. Ese esfuerzo también redunda en un mejor estado de ánimo, que es fundamental a la hora de sobreponerse a los problemas que van surgiendo.

Aprender a convivir es uno de los grandes retos del amor. En la convivencia hay que dar importancia a la memoria. Mantener el recuerdo de las buenas experiencias es una gran ayuda para mantener la esperanza en la relación.

Necesitamos sentirnos valorados, capaces de progresar humana, espiritual y profesionalmente. La relación amorosa puede potenciar esta necesidad o arruinarla.

Aprender a convivir

Foto: THINKSTOCK 

Es bueno preguntarse de vez en cuando por nuestros objetivos vitales. Los objetivos mantienen vivas a las personas, contentas, con ilusión por algo y para algo. Nos llevan a crear algo que no existía, valioso y crea conciencia de la propia capacidad y genera alegría. La tristeza, en cambio, es la constatación de la propia impotencia. No son las equivocaciones lo que hace fracasar al hombre sino la inacción. Por eso es tan importante intentar mantener un buen estado de ánimo, que nos ayuda a buscar las oportunidades para convivir de un modo más sano, más divertido, más sereno, más ordenado, más productivo y, como consecuencia, ser más felices. El malo nos lleva al bloqueo.

A todos nos gustaría ser la causa de que algo bueno y bello sucediera, aunque eso exija un gran esfuerzo.


Los matrimonios que no potencian las capacidades del otro generan relaciones malsanas. El amor maduro no absorbe sino que fortalece.


El matrimonio no es una meta en sí misma. La felicidad tampoco. Es algo que se consigue mientras se está haciendo otra cosa y depende mucho del sentido que le demos a nuestra tarea.

La convivencia es como una gran conversación mantenida a lo largo de toda una vida: puede tener un hilo conductor de reproche y crítica constante, o de admiración y apoyo, de deseo de felicidad para el otro. Aprender a convivir es uno de los grandes retos del amor.

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