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Francisco: arrepintámonos del daño que estamos haciendo a la tierra

En el mensaje para la segunda «Jornada mundial de oración por el cuidado de la Creación», la invitación a una «conversión ecológica» en los gestos cotidianos, en la política y en la economía. Llamado por los países más pobres

 

 - ciudad del vaticano

01/09/2016

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El Papa invitó a los católicos a arrepentirse «del mal que estamos haciendo a nuestra casa común», de «nuestros pecados contra la creación, los pobres y las futuras generaciones». En el mensaje para la segunda «Jornada mundial de oración por el cuidado de la Creación» también invitó a todos a una «conversión ecológica», tanto en los gestos cotidianos como en la política y en la economía, en la sociedad y en la cultura, porque «la tierra grita» por los «sufrimientos que afligen a los pobres y la devastación del medio ambiente». Francisco, que a las 17 hrs. presidirá las Vísperas en San Pedro en esta Jornada que instituyó poco después de la publicación de la encíclica “ecológica y social” «Laudato si’», en sintonía con los ortodoxos, elogió el resultado de la cumbre de la ONU sobre el clima que se llevó a cabo el año pasado en París, añadió una nueva obra de misericordia por «el cuidado de la casa común» y llamó a la comunidad internacional a sostener el compromiso ecológico de los países más pobres.

«En este Año Jubilar, aprendamos a buscar la misericordia de Dios por los pecados cometidos contra la creación, que hasta ahora no hemos sabido reconocer ni confesar; y comprometámonos a realizar pasos concretos en el camino de la conversión ecológica, que pide una clara toma de conciencia de nuestra responsabilidad con nosotros mismos, con el prójimo, con la creación y con el Creador», escribió el Papa en el mensaje dedicado este año al tema «Usemos misericordia con nuestra casa común». Francisco propone «un complemento a las dos listas tradicionales de siete obras de misericordia», corporales y espirituales, «añadiendo a cada una el cuidado de la casa común».

«En el 2000, también un Año Jubilar —recordó el Papa—, mi predecesor san Juan Pablo II invitó a los católicos a arrepentirse por la intolerancia religiosa pasada y presente, así como por las injusticias cometidas contra los hebreos, las mujeres, los pueblos indígenas, los inmigrantes, los pobres y los no nacidos. En este Jubileo Extraordinario de la Misericordia, invito a cada uno a hacer lo mismo. Como personas acostumbradas a estilos de vida inducidos por una malentendida cultura del bienestar o por un “deseo desordenado de consumir más de lo que realmente se necesita” —prosiguió, citando al Patriarca Ecuménico Ortodoxo Bartolomeo—, y como partícipes de un sistema que “ha impuesto la lógica —según expresó él mismo en su discurso a los movimientos populares, con los que se reunió en Bolivia en 2015— de las ganancias a cualquier costo sin pensar en la exclusión social o la destrucción de la naturaleza”, arrepintámonos del mal que estamos haciendo a nuestra casa común».

El planeta, recordó el Papa, «sigue calentándose, en parte a causa de la actividad humana: el 2015 ha sido el año más caluroso jamás registrado y probablemente el 2016 lo será aún más». Entre las consecuencias de este fenómeno están la sequía, las inundaciones, los incendios y además «la dolorosa crisis de los emigrantes forzosos». «Los pobres del mundo —denunció—, que son los menos responsables de los cambios climáticos, son los más vulnerables y sufren ya los efectos».

La consecuencia del arrepentimiento, escribió el Papa, debe ser la de «cambiar de ruta» y cambiar el estilo de vida: «Y esto —explicó— debe traducirse en actitudes y comportamientos concretos más respetuosos con la creación, como, por ejemplo, hacer un uso prudente del plástico y del papel, no desperdiciar el agua, la comida y la energía eléctrica, diferenciar los residuos, tratar con cuidado a los otros seres vivos, utilizar el transporte público y compartir el mismo vehículo entre varias personas, entre otras cosas. No debemos pensar que estos esfuerzos sean demasiado pequeños para mejorar el mundo. Estas acciones “provocan en el seno de esta tierra un bien que siempre tiende a difundirse, a veces invisiblemente” y refuerzan “un estilo de vida profético y contemplativo, capaz de gozar profundamente sin obsesionarse por el consumo”».
 
En general, «la economía y la política, la sociedad y la cultura, no pueden estar dominadas por una mentalidad del corto plazo y de la búsqueda de un inmediato provecho financiero o electoral. Por el contrario, estas deben ser urgentemente reorientadas hacia el bien común, que incluye la sostenibilidad y el cuidado de la Creación».
 
El Papa subrayó un caso concreto al respecto, el de la «deuda ecológica» entre el norte y el sur del mundo: «Su restitución haría necesario que se tomase cuidado de la naturaleza de los países más pobres, proporcionándoles recursos financiaros y asistencia técnica que les ayuden a gestionar las consecuencias de los cambios climáticos y a promover el desarrollo sostenible». El Papa también expresó su satisfacción por los Objetivos de Desarrollo Sostenible adoptados por los países del mundo en septiembre del año pasado y la aprobación, en diciembre del mismo año, del Acuerdo de París sobre el cambio climático, que ahora debe ser puesto en práctica, subrayó, tanto por los gobiernos como por las empresas y por los ciudadanos.

En su mensaje, el Papa resaltó el constante compromiso ecuménico y, en particular, la atención del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla a favor de los temas ecológicos, y exhortó: «Cristianos y no cristianos, las personas de fe y de buena voluntad, hemos de estar unidos en el demostrar misericordia con nuestra casa común (la tierra) y valorizar plenamente el mundo en el cual vivimos como lugar del compartir y de comunión».

El mensaje del Papa fue presentado hoy en el Vaticano por el cardenal Peter Kodwo Appiah Turkson, que hasta ayer era el presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz y ahora se ocupará del recién nacido dicasterio vaticano para el Servicio del desarrollo humano integral. También participaron en la presentación mons. Brian Farrel, Secretario del Pontificio Consejo para la Promoción de los Cristianos, y Terence Ward, autor del libro 'El guardián de la Misericordia'. 

 

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