Un día como hoy nació “el genio de Dios”

 

 

Hablar de Bach infunde un enorme respeto.

Los adjetivos para aludirlo se agotan rápidamente y es difícil dimensionar el papel que este hombre ha jugado en la música, en el arte, en la cultura universal.

Porque Bach es todo: la armonía, la perfección, la simplicidad, la belleza, la maestría, la esencia, la delicadeza, la unión y la mezcla de sonidos, de sensaciones…

El 21 de marzo de 1685 nace en Eisenach, Alemania, uno de los mayores representantes de la música barroca: Johann Sebastian Bach, organista y compositor, considerado un genio de todos los tiempos.

Los registros en torno a su vida hablan de un hombre virtuoso, de carácter obstinado, y celoso defensor de su independencia artística, cuestión difícil en su época.

Fue el octavo hijo de Johann Ambrosius Bach (1645-1695) y María Elisabeth Lämmerhirt (1644-1694), su familia era de conocido arraigo musical.

Hijo de una familia de antigua tradición musical (entre antecesores y parientes pueden contarse hasta 120 músicos, compositores y artesanos en la fabricación de instrumentos), Bach vivió plenamente en la época barroca, de la que fue su mayor representante en el campo musical.

Su legado generacional siguió expandiéndose y prolongándose a través de sus hijos (Bach tuvo 17 hijos en sus dos matrimonios), siendo varios de ellos compositores cuyos trabajos siguen siendo interpretados hoy en día (este es el caso de Carl Philipp Emanuel Bach, Johann Christian Bach o Wilhelm Friedemann Bach)

Las composiciones de Bach abarcan lo indecible: cantatas, misas, pasiones, estudios para teclado, violín, laúd o violonchelo, conciertos, piezas para órgano (su instrumento predilecto) y fugas.

De las aproximadamente 2000 composiciones que se supone que elaboró han sobrevivido unas 1080, entre las que se encuentran nada más y nada menos que 215 cantatas.

Uno escucha su música y se detiene, como si hubiese existido siempre, como si me estuviesen contando una historia conocida, familiar, cercana y a la vez tan misteriosa como la misma existencia.

Escuchar la música de Bach en nuestra época, en el siglo XXI, es como recibir un soplo de aire fresco, sin contaminar, libre de la presión de los problemas y las angustias.

Como un padre que le habla al hijo de las experiencias, del dolor, de la esperanza, de los sueños, de la vida y de la muerte.

Bach nos habla con su música de la eternidad, de Dios, de la grandeza de la vida. Él solo quiso vivir de su música sin mayores aspiraciones que ella.

En su época fue poco conocido como compositor pero sí estaba considerado como un gran organista.

No quiso ni buscó la fama, el ideal del ser humano por entonces era la conexión con Dios.

Su música se ha interpretado por cientos de miles de músicos, en las escuelas, en las catedrales, en salas de concierto y por las mejores orquestas del mundo.

Se toca su música con clave, con piano, con órgano, coros, orquesta, sintetizadores, ordenadores, etc. Siempre intemporal e inmortal. Bach, el genio de los genios.

Música perfecta, música del Universo, las matemáticas se convierten en pura poesía musical en sus obras: Suites para Cello, El clave bien temperado, Los conciertos de Brandenburgo, las dos Pasiones, conciertos para instrumentos solistas (flauta, oboe, violín, clave…), las maravillosas Variaciones Goldberg, el Arte de la Fuga, las hermosas Arias y un sinfín de fantásticas obras de una belleza incalculable.

Johann Sebastian Bach…el genio, el músico, el poeta…, el hombre.

Millones de personas han escuchado a J. S. Bach, Miles de conciertos y cientos de CDs presentan su música inigualable.

Pero en su época, Bach era prácticamente un desconocido, al menos fuera de las villas alemanas en las que vivía y trabajaba sin hacer ruido.

Bach nunca se sintió atraido por el estrellato, la fama o la fortuna.

Este genio incuestionable era agradablemente modesto.

Dijo a un estudiante: “simplemente practica con diligencia y todo irá muy bien; tienes cinco dedos en cada mano tan sanos como los míos”.

Una vez, cuando alabaron su maravillosa habilidad como organista, Bach demostró su característica humildad e ingenio respondiendo: “no hay nada maravilloso en ello; sólo se trata de golpear las notas adecuadas en el momento adecuado y el instrumento hace el resto”.

Bach dijo: “el único propósito de la música debería ser la gloria de Dios y la recreación del espíritu humano”.

La propia vida de Bach estaba de acuerdo con sus creencias.

Aunque tenía un genio musical que sólo se puede encontrar, quizá, una vez cada cien años, él eligió vivir la vida oscura de un músico de iglesia.

Sólo una vez en sus 65 años tomó un trabajo en el que su brillantez le pudiera reportar fama del mundo.

Como nadie en la historia, Bach explica el “por qué” que está detrás de nuestras diversas vocaciones, carreras y talentos.

Son para los otros y para Dios, no para nosotros.

Citas: -sobre Johann Sebastian Bach-

«Al oír la música de Bach tengo la sensación de que la eterna armonía habla consigo misma, como debe haber sucedido en el seno de Dios poco antes de la creación del mundo» (Johann Wolfgang Goethe)

«Solamente hay un músico de quien los demás podríamos aprender algo nuevo: Johann Sebastian Bach» (Robert Schumann)

«Esta semana he ido a escuchar tres veces la Pasión según san Mateo del divino Bach, y en cada una de ellas con el mismo sentimiento de máxima admiración. Una persona que -como yo- ha olvidado completamente el cristianismo no puede evitar oírla como si se tratase de uno de los evangelios» (Friedrich Nietzsche)

«La música le debe tanto [a Bach] como la religión a su fundador» (Robert Schumann)

«Es el amado Dios de la música, a quien todos los compositores deberían elevar una oración antes de ponerse a trabajar» (Claude Debussy)

«El principio y el fin de toda la música» (Max Reger)

«¡No es un arroyo sino un Océano!» [La palabra Bach, en alemán, significa arroyo] (Ludwig van Beethoven)

«Lo que Newton fue como científico, Bach lo fue como músico» (C. F. Daniel Schubart, S. XVIII)