Crueldad Romana, Pureza Cristiana

MIKE AQUILINA
 

 

romanfamily12 Fue la moral cristiana y el evidente amor de las familias cristianas lo que convirtió gradualmente al Imperio Romano.

Los escritores espirituales, desde los albores del cristianismo, han observado que la impureza y la crueldad surgen como vicios hermanos en el alma. El más viejo es la impureza, que reduce a las otras personas primero a meros medios para la satisfacción sensual, y luego a meros objetos de deporte.

Esto es tan cierto para las culturas como para las almas. Considere la Roma del siglo primero y segundo d.C.; pero no juzgue según lo que vea en los museos. Por el contrario, agradezca que los conservadores de museos de hoy cuenten con algo de sentido del decoro.

Porque las ruinas de la Roma imperial son abrumadoramente pornográficas. Los muros de Pompeya son chocantes porque las cenizas volcánicas las preservaron en un color chillón, pero sus principales temáticas son un poco distintas de aquellas que aparecen en los jarrones, lámparas y joyas de esos tiempos. Las casas de los burgueses no se diferenciaban mucho, en su decoración, de las habitaciones comunes de los burdeles.

Las familias parecían poco dispuestas o incapaces de preservar la inocencia de los niños. Aquellos que enviaban a los niños pequeños a la escuela asumían que los tutores los acosarían sexualmente. Con tiempo libre ilimitado y sin supervisión, los niños adolescentes deambulaban por las calles en bandas. Pasaban el tiempo haciendo travesuras, dedicándose a la actividad homosexual y, de vez en cuando, violando a una prostituta.

A las niñas se las casaba a los 11 o 12 años a una pareja mucho mayor, y que ellas no elegían. Los "amigos" celebraban la boda cantando canciones obscenas. "La noche de bodas", escribe el historiador francés Paul Veyne, "adoptó la forma de una violación legal."

La costumbre marital implicaba que la niña podía esperar una relación depredadora, repleta de sodomía, aborto y anticoncepción. El adulterio en los hombres era lo esperado. El infanticidio era común, especialmente el de las niñas. En una ciudad del imperio, el censo registró a 600 familias — de las cuales solamente seis habían criado a más de una hija. A pesar que la mayoría de ellas eran familias grandes, habían matado de manera rutinaria a sus bebés mujeres. En otra ciudad, una excavación arqueológica reciente reveló un antiguo alcantarillado obstruido por los huesos de cientos de recién nacidos. Pero si el matrimonio se volvía muy miserable, al menos el divorcio era sencillo. Lo único que se necesitaba era que una de las partes dejara el hogar con la intención de divorciarse. El divorcio tenía efecto ex opere operato.

Lo que atrajo a estos ciudadanos cansados a la Iglesia fue la paradoja evidente en la vida familiar de los cristianos, que eran castos, pero que habían encontrado la paz.

Todas estas costumbres se reflejaban en el entretenimiento popular — el negocio de la música y el teatro. Y cuando los romanos se cansaron del sexo, acudían en manada al circo a ver cómo las bestias o los gladiadores torturaban y mataban a los criminales. Los gladiadores se desangraban entre sí para las multitudes.

Ése es el mundo en el que los primeros cristianos formaban sus familias. Se podría llamar una cultura de muerte.

No obstante, los cristianos inmediatamente se distinguieron. No participaban en la impureza o la crueldad. Tenemos muchos sermones y tratados de esos años, condenando la crudeza del teatro, la maldad del circo y el comportamiento de alcoba de los romanos comunes. Pero lo que es más resaltante es el testimonio de los mismos paganos.

Los romanos estaban francamente asombrados respecto a los cristianos, dado que los cristianos lograban de manera rutinaria algo que los romanos pensaban era imposible. Los cristianos predicaban y ponían en práctica una serie de virtudes que implicaban la continencia sexual — la castidad, la pureza, e incluso el celibato para toda la vida. El gran médico pagano Galeno escribió: "Su menosprecio por la muerte es patente para nosotros cada día, y de la misma manera su autocontrol en la convivencia. Ya que incluyen no solo a los hombres sino también a las mujeres que se abstienen de la convivencia todas sus vidas; y también cuentan con individuos que, en autodisciplina y autocontrol, han alcanzado un discurso no inferior a aquel de los filósofos genuinos". Incluso los más estoicos, que supuestamente despreciaban la pasión humana, creían que las pasiones eran mejor apaciguadas por la indulgencia.

Pero incluso los cristianos casados luchaban por la castidad y el amor verdadero. "Ellos se casan, como lo hacen todos los demás; engendran hijos; pero no cometen infanticidio. Comparten una mesa común, pero no una cama común."

Fue la moralidad cristiana, y el evidente amor de las familias cristianas, lo que convirtió gradualmente al Imperio Romano.

Los burdeles habían ejercido un cierto poder de atracción sobre Roma, pero los burdeles no satisfacían. Los paganos inquietos habían satisfecho sus deseos de sangre más crueles en el circo, pero el circo tampoco los satisfacía.

Lo que atrajo a estos ciudadanos cansados a la Iglesia fue la paradoja evidente en la vida familiar de los cristianos, que eran castos, pero que habían encontrado la paz.