DE LA SOBERBIA A LA IDEOLOGÍA
El espíritu capital de la soberbia en el orden individual y social.


P. Ramiro Sáenz.
 

 

Siempre me ha impresionado la facilidad con que, en los tiempos de epidemia marxista, se fabrica un zurdo. Especialmente en medios estudiantiles, en pocos días y con un par de slogans se amasaba ya un militante. Más aún, había personalidades que todos podíamos adivinar serían presa de la ideología. Me refiero a las personas resentidas, soberbias, envidiosas, o con otras pasiones del estilo. Por supuesto que ninguno se veía en la necesidad de leer ni una letra de Marx, Lenín o el Che. Por otro lado .¡ cuántas razones, pruebas, dificultades, explicaciones hay que dar para lograr y mantener a un cristiano.¡ He llegado a la conclusión de que hay en el hombre algo enfermizo y deforme, que lo dispone a esta postura tan contraria al orden natural. Y que esa armazón ideológica interpreta, sostiene, cultiva y fija esa inclinación interior. Hay una secreta afinidad que une ambas cosas: ese tipo de sujeto y ciertos contenidos doctrinales. En otras palabras, hay hábitos viciosos de orden espiritual que son como la causa dispositiva para la ideología. Es la base antropológica, mucho más que el contenido específico doctrinal, lo que funda esa cosmovisión, esa actitud ante la vida. Si bien hay varias pasiones de fondo, como la envidia o el resentimiento, una de ellas es como su sustrato principal: la soberbia.

Probarlo es el intento de este trabajo.

La inteligibilidad y comprensión del hombre y la historia no es fácil. ¿D e qué es capaz en el orden del bien o del mal ?.. ¿Cómo se explican los grandes movimientos históricos ? ¿Que camino puede seguir el hombre y la humanidad ?. Las repuestas últimas a estas preguntas sólo son posibles a la teología, que se basa en la Revelación de Dios.

 Ello tanto para conocer en profundidad al hombre como, si se trata del futuro, para conjeturar los hechos libres o conocerlos con certeza por la profecía. De diversa manera y con dispar participación, hay tres protagonistas de la historia : Dios, el hombre y el demonio. Desconocer alguno de ellos es ignorar algo fundamental de los acontecimientos históricos del pasado, del presente o futuro. Pero como la historia es la proyección del hombre en el tiempo ,el hombre será el lugar propio donde debemos indagarla. Allí en el corazón humano, que es el centro de las decisiones, en donde confluyen la acción de Dios y del mal espíritu. Pero ambos obran según su propias posibilidades y según el modo del sujeto, es decir, el hombre. De allí que si Dios omnipotente mueve a cada ser según su naturaleza ( tanto al racional como al irracional ) , el demonio , lleno de limitaciones, sólo podrá limitarse a tentar o persuadir al espíritu humano.

Es decir que conociendo el corazón humano podemos indagar su capacidad para el bien y el camino que seguirá así como el del mal y sus posibilidades. La antropología teológica

es uno de los conocimientos fundamentales para comprender la historia y el presente. La tradición cristiana ha profundizado en el conocimiento del hombre, tanto en lo que San Pablo llama el “ hombre viejo “ como el “ hombre nuevo “ , el hombre caído ,como el hombre restaurado en Cristo. O sea, lo que el hombre es en su naturaleza, su corrupción y su plenitud. Desde muy temprano logró precisar tanto el orden del organismo natural sobrenatural que lo plenifica ( virtudes teologales, cardinales, y dones ) como los ocho móviles o apetencias más fuertes que solicitan desordenadamente el corazón humano y lo corrompen, Estos últimos son los llamados “ espíritus “ o “ vicios capitales “- Es mejor llamarlos así, al modo de hábitos, que “ pecados “; estos los engendran o proceden de ellos-Uno de ellos, el más espiritual y perjudicial de todos, es la soberbia, denominado también orgullo o arrogancia. Pecado del demonio, de Adán, y del Anticristo.

Vamos a indagar por lo tanto en este pecado y sus consecuencias sociales.

I. La Soberbia en el Hombre y la Sociedad.

Las inclinaciones humanas, buenas o malas, admiten una gama ilimitada de grados. En la medida en que los hábitos crecen, se va configurando toda una psicología dominada por esos hábitos. Así podemos hablar del hombre ” económico “, “ ambicioso “, “ lujurioso “ ,” ambicioso”, “ soberbio “, etc., en el orden del mal; como del “ religioso”, “ paciente “ ,” creyente “ ,, en el del bien. Cuando toda una sociedad peca, se originan “ hábitos sociales “, con una naturaleza análoga al del hombre individual. Vamos a analizarlos en ambos órdenes.

La soberbia, “ regina omnium vitiorum ”.

Naturaleza.

La tradición cristiana lo ha definido como el “apetito desordenado de la propia excelencia”- Inordinatus appetitus propiae excellentiae. Santo Tomás, Suma Teológica II, III, 162,2.- o “ apetito perverso de exactitud “- Pervesae celsitudinis appetitus. San Agustín, De civitate Dei, XIV, 13- Apetito que significa amor, deseo, complacencia, gozo de sí en lo que más es capaz de seducir al espíritu humano que son los bienes espirituales.. Este amor desordenado de sí, profunda inclinación enfermiza producida por el desorden del pecado original, no tiene límites porque el hombre anhela la felicidad sin límites y allí piensa encontrarla.

…Si bien tiene grados infinitos, se orienta en una dirección que implica la exaltación del yo hasta una cierta divinización y al máximo “ desprecio de Dios “ , como observaba San Agustín. Nos dice Santo Tomás : “ A la soberbia pertenece no querer someterse a ningún superior, máxime a Dios ; y, consiguientemente, el que uno mismo se exalte, sin medida sobre las propias facultades-I-II-,84. 2ad 2 –

Siguiendo a San Gregorio Magno- Moralia in Iob, XXIII,6-, Santo Tomás enumera susespecies:

. Jactancia de poseer lo que no se posee, es decir, se engaña sobre lo que uno mismo es o posee. En el engaño sobre la naturaleza misma del hombre, sus capacidades y límites.

.Creer que los bienes recibidos de Dios los poseemos por derecho propio o los menos merecido.. Es decir, que somos autosuficientes, autónomos, sea para alcanzar nuestro fin último o para construir nuestra propia felicidad.

.Desprecio y sometimiento de los demás. Es otro aspecto derivado, por el cual nos engañamos sobre los demás como nos habíamos engañados sobre nosotros mismos, pero siempre en el mismo sentido; nuestra singularidad y grandeza. Les hacemos sentir nuestra superioridad no sólo rebajándolos sino sometiéndolos,. “ La soberbia- dice San Agustín – intenta ser una perversa imitación de Dios como si fuera divino “- De Civitate Dei, XIX,12w,2 ). De todo esto sacaremos importantes consecuencias sociales.

Vicio capital . Todo hombre, necesariamente, anhela ser feliz. Esta inclinación del espíritu humano está en la misma esencia de su ser y por lo tanto es irrenunciable. En esa apetencia está implícito el llamado de Dios a la felicidad eterna.. Por eso Cristo en el Sermón del Monte , síntesis de toda moral y espiritualidad cristiana, va a comenzar con aquella llamativa expresión: “ Bienaventurados…,Felices…”. El problema que se le plantea al hombre no es la misma felicidad, sino el camino para encontrarla . La propuesta de Cristo es entonces sobre el misterioso y ardua camino que conduce a ella. Buscarla por la senda errónea es nunca encontrarla. He aquí el perpetuo drama de la humanidad.

Si observamos con atención el obrar humano, percibimos los móviles más fuertes que tiene el hombre para buscar esa felicidad por un falso camino (bienes aparentes ), descubrimos que hay algunos que son como terminales, que se buscan por sí mismos.

Para entenderlos mejor sería necesario tener en cuenta que hay dos pasiones que son principalísimas en el hombre , y como fundamentales, a las cuales se pueden reducir todas las demás :delectatio (o gaudium ) et tristitia.-Santo Tomás, S. T. I-II-,25,4 y 84,4,ad

2. – Ambas se dan tanto en el orden sensible como, por extensión, en el espiritual. El hombre naturalmente huye de aquello que le da tristeza, y así tenemos la acidia, la envidia, la ira. A su vez la felicidad es el bien, aparente, que mueve el apetito. Este bien puede ser triple: el bien del alma, y de allí nace la vanagloria y la soberbia, el del cuerpo, y tenemos la gula y la lujuria, o los bienes exteriores que originan la avaricia.. Podríamos explicarlas también, con las mismas palabras de Santo Tomás, observando que el bien aparente fascina por tres razones:

El bien mueve al apetito principalmente por la razón que participa alguna propiedad de la felicidad,, que naturalmente todos apetecemos.

A cuya esencia pertenece, ente todo, cierta perfección ( perfectio ), pues la felicidad es el bien perfecto; a ella pertenece la excelencia o claridad que apetecen la soberbia y vanagloria.

En segundo lugar, de su esencia es la suficiencia (sufficientia ),lo que apetece la avaricia, en cuanto le prometen las riquezas.

En tercer lugar, le pertenece la delectación ( delectatio ),sin la cual no existe la felicidad, y esto apetecen la gula y la lujuria.- S.T. I, II, 84,4.-

El poderoso atractivo para el pecado que significan estos vicios capitales es justamente por se una caricatura de la felicidad eterna, un falsa promesa de bienaventuranza. Por otro lado, se huye del mal presente, es decir la tristeza, aunque nos haga perder el bien que le esta unido. Se trata del propio bien que se busca huyendo de la tristeza del bien espiritual por el esfuerzo que supone, tenemos la acidia. Si se trata del bien ajeno que empaña nuestra gloria y se da sin rebelión, aparece la envidia; si es con rebelión que pide venganza tenemos la ira.

Ésta es la razón por la cual se pude concluir que es la esencia de un vicio capital poseer principalísimas razones para mover el apetito.-

Primarias rationes movendi appetitum.-. Son entonces inclinaciones “capitales”, vicios madres que dan el primer impulso y la razón última a muchos otros. Sobre ellos ejerce una causalidad que le imprime incluso su modo : es directivum et ductivum―Vitia capitalia dicuntur ex quipus alia oriuntur proecipue rationen causae finalis.- de su hijas. Así por ejemplo, de la envidia nacerá la murmuración, la difamación, el odio; de la avaricia la insensibilidad al prójimo, el engaño o el fraude..

Con la soberbia ocurre algo particular en este orden. Los doctores cristianos han vinculado se experiencia a aquella observación del Eclesiástico : “ La soberbia es principio de todo pecado “ ( 10,15 ). Han concluido que esta inclinación desordenada del espíritu humano tenía una particularidad. Es capaz de influir sobre todo el resto de la vida moral.

Una capitalidad universal. Santo Tomás habla de la “redundantia” sobre los demás vicios-Ibid a 2 y a 5 ab 1 –Este influjo puede darse por dos modos-.Directamente, o per se, ya que todos los pecados pueden ordenarse a fin de la soberbia( no que siempre sea así ). Sea indirectamente, o per accidens, pues al despreciar la ley divina, por la que el hombre se abstiene de pecar, queda “ liberado “ para su propio mal, como indicaban las palabras del profeta: “ Hiciste pedazo el yugo, rompìste las ataduras y dijiste: no serviré “ ( Jer 2, 20 ).Destruido este valioso vínculo el hombre queda a la deriva y entonces de ella nacen todos los vicios.

…por esta razón, desde San Gregorio no se le suele enumerar entre los vicios capitales sino como por encima de todos ellos: “ Cuando la soberbia, reina de los vicios (vitiorum Regina ), se hace dueña del corazón, lo entrega a los siete vicios capitales, lo mismo que a capitanes de devastación, de los que nacen muchos vicios “.-Morales 31; cit por Santo Tomás II-II.162,8- “ Es la ruina de todas las virtudes “- San Isidoro de Sevilla, Etimologías, cit por Santo Tomás en II-II,162,2 ob 3-. Es el “ más importante entre los vicios capitales “ – Principalius capitalibus vitis. Ibid, a 8 ad 3.-Tales expresiones no son exageradas pues no sólo destruye su opuesta, la humildad, sino que es capaz de derrumbar todo el edificio espiritual y hasta de las mismas virtudes puede hacer ocasión de pecar. Analizando la doble afirmación de la Escritura : “ La soberbia es principio de todos los males “ ( 1 Tim. 5,10 ) y “ La avaricia es raíz de todos los males “ (1 Tim 5, 10 ). Santo Tomás percibe el vínculo escondido que une ambos vicios capitales, los más nocivos entre todos : En el orden de la intencion es el fin quien tiene razón de principio. Y en todos los bienes temporales, el fin que el hombre busca es poseer cierta perfección y excelencia.

Por este lado la soberbia, que es el apetito por excelencia, se pone como principio de todo pecado.

En el orden de la ejecucion, en cambio, es primero todo lo que ofrece oportunidad de satisfacer todos los deseos pecaminosos, y tiene razón de raíz, como son las riquezas- III, 84,2- He aquí aclarada la relación no sólo de la avaricia y soberbia, sino el origen del espíritu burgués y la ideología en su expresión más acabada : el marxismo.

Efectos .Este amor desordenado de sí que aparta de la luz Divina produce un sutil oscurecimiento de la inteligencia. Si bien este hábito está en la voluntad, pues es un apetito, de la unidad del sujeto surge esta inevitable consecuencia. Bien observaban Aristóteles y San Tomás que “ lo que se desea con ardor se cree fácilmente “-II-II,162,3 ad 2 –Ese amor de sí desvía el entendimiento de la verdad, de la luz, y se hace vulnerable a los más catastróficos engaños que afectarán su existencia. El hombre se sume en las tinieblas , pues “ cuando la conciencia, este luminoso ojo del alma, llama “ al mal bien y al bien mal “ ( Is,5,20 ), camina ya a hacia su degradación más inquietante y hacia la más tenebrosa ceguera moral –Juan Pablo II, encíclica Evangelium vital,24-En contrapartida, el hombre aplicará las fuerzas de la inteligencia al servicio del apetito desordenado de su excelencia. Podemos entrever entonces que de una tal actitud del espíritu puede surgir en el orden social desde una cruel tiranía hasta un sistema filosófico.- Garcia Vieyra, A., La soberbia, Mikael 31,p 76-

Sigamos el prolijo análisis de Santo Tomás para hondar el tema.

Este amor desordenado produce un doble alejamiento de la verdad..

Uno indirectamente. El soberbio es incapaz de esa docilidad necesaria al espíritu humano para ser enseñado por otro, y mucho más, por Dios. No escucha, no acepta otra opinión, no aprende de los demás. Él es creador de su propia verdad y bien, él se convierte en la regla y medida de todas las cosas .De allí nace ese mundo ficticio que existe sólo en su subjetividad. Es la pérdida del realismo, del contacto con “ la verdad de las cosas “, como dirían los antiguos. Ya no es la inteligencia que se deja moldear por el ser de las cosas..Él crea su verdad, su moral, su religión. Santo Tomás recalca con frecuencia, siguiendo a la tradición, que en el soberbio se corrompe la “ vera existimatio “-ibid 4 ad 1- de la realidad, la “cognitio veritatis “ –ibid 3 ad I –Tal como lo afirma el Evangelio: “ Has ocultado estas cosas a los sabios y prudentes ( soberbios ) y las has revelado a los pequeños ( humildes )” (Mat.11,25 ).

Directamente impide el conocimiento afectivo (cognitio affectiva ) de la verdad al “ deleitarse en su propia excelencia “. Sienten verdadero “ fastidio “ por la verdad- Excellentiam veritatis fastidim. Ibid.-y por lo tanto no sólo no la buscan con ahínco sino que les produce rechazo. Claro que no se trata de una cerrazón e incapacidad para el conocimiento de las ciencias experimentales ni las matemáticas ni todo aquello que no le cuestione en su yo sobredimensionado. Mas al contrario. Puede agudizar su inteligencia para adquirir ,más riqueza, poder, fama, Esta actitud del espíritu explica la facilidad con que algunos sintonizan con todo lo bueno, verdadero, noble ,justo. Otros ,en cambio, con todo lo falaz, hipócrita, malo, feo, innoble, injusto. He aquí dos actitudes injustas: la del humilde y la del soberbio. “Para los ojos enfermos es odiosa la luz, que sin embargo para los puros es agradable “, dirá San Agustín.

Hablando San Pablo de los incrédulos, dice que “cegó el dios de este mundo “ (2 Cor.4,4 .) Refiriéndose a estos últimos tiempos, afirma que los hombres “ no soportarán la sana doctrina sino que se buscarán maestros conformes a sus pasiones “ ( 23 Tim.4,3 ) Apartada la inteligencia de la realidad, de la luz, por la que no siente amor sino ya aversión , se lanza a elaborar ideas que sustituyan su natural actitud contemplativa. Crea así un mundo puramente imaginario. Pura subjetividad. Luego seguirá el frenesí por la acción, por construir un mundo nuevo habitable, donde satisfacer sus apetencias de felicidad . Toda esta construcción de ilusiones seguidas de trágicas consecuencias es lo que se llama utopia.

Fuente: filiaciones.wordpress.com