El secreto de Aristóteles

 
Javier Villahizán
  • Publicado: June 05, 2016
     
 

El sabio, cuyas teorías filosóficas fueron divulgadas hace dos milenios, vuelve a estar de actualidad tras el hallazgo de la que sería su tumba en su ciudad natal, Estagira.

El pensamiento humano y el mundo no serían hoy el mismo sin la aportación de la sabiduría griega. El humanismo clásico de los filósofos helenos sirvió de sólida base para establecer una estructura mental y de raciocinio en torno a las grandes enseñanzas del momento: la retórica, la política y el derecho. La sociedad moderna y democrática actual es en cierta forma reflejo de aquella cátedra antigua. Y Aristóteles, discípulo de Platón, y éste a su vez de Sócrates, conforman el triunvirato de sapiencia del mundo antiguo, hace ya casi 25 siglos de aquello.

Hoy, la figura de Aristóteles (Estagira, 384 a. C.-Calcís 322 a. C.) vuelve a estar de actualidad tras el descubrimiento de su tumba en su ciudad natal. Al menos eso es lo que atestigua el director de las excavaciones, el arqueólogo griego Kostas Sismanidis, que tras descubrir un ajuar funerario en un edificio público y cotejar los datos con los escritos de los historiadores de la época afirma que el sabio se encuentra enterrado en el lugar. El hallazgo se suma, además, a las conmemoraciones que tienen lugar en el país en homenaje del 2.400 aniversario del nacimiento de Aristóteles.

En aquel entonces, el mundo griego no era un lugar fácil. A las luchas internas entre los propios Estados helenos se sumaba el enemigo común, el imperio persa. No eran extrañas las batallas entre Macedonia, Tebas, Atenas, Esparta, Corinto… En este contexto, nació Aristóteles, hijo Nicómano y Efestiada, cuyo padre ejercía la medicina en la corte del rey Amintas II de Macedonia.

Poco se sabe de la educación recibida por el joven heleno, aunque debió ser la propia de los griegos de su época. A la edad de 20 años, se trasladó a Atenas donde se incorporó a la Academia de Platón, en la que permaneció dos décadas. Todo indica que la relación con su maestro fue exquisita, pese a las discrepancias teóricas que luego le llevaron a su separación doctrinal. Es sabido que Aristóteles atravesó por un fase inicial profundamente platónica antes de desarrollar sus propias concepciones filosóficas.

Después del abandonó de la Academia, en torno al año 347 antes de nuestra Era, por el carácter místico-religioso que impuso el sobrino de Platón a la institución tras la muerte de su tío, Aristóteles decide fundar en solitario su propia escuela en Assos, donde comienza a desarrollar sus propias opiniones, en contraposición a la teoría de las Ideas de Platón.

Maestro de Alejandro. Posteriormente y tras el ascenso de Filipo II al poder, éste le llamó a su corte para que se ocupase de la educación de su hijo, el futuro Alejandro Magno, que entonces tenía 13 años. Allí permaneció casi una década hasta que Alejandro subió al trono, regresando entonces a Atenas.

Una vez en la capital griega, el pensador, junto con otros discípulos, como Teofrastro, Eudemo o Aristoxeno, fundó el Liceo, una comunidad en la que impartía sus enseñanzas paseando con sus discípulos. Según la tradición, el orden de las actividades estaba fuertemente establecido, de tal forma que las mañanas estaban dedicadas a las cuestiones más difíciles de carácter filosófico y las tardes a lecciones de retórica, con la participación de público.

Sin embargo, este período de estudio y de calma se truncó con la muerte de Alejandro Magno (323 antes de nuestra Era). Entonces, el filósofo fue llevado a los tribunales atenienses acusado de impiedad contra los dioses, debido al importante ascenso de los sentimientos hostiles hacia Macedonia que había en la ciudad helena. Por esta razón, y temiendo acabar como Sócrates, al que un tribunal le condenó a morir envenenado por cicuta por no reconocer a los dioses atenienses, Aristóteles huyó a la vecina Eubea donde falleció un año después de muerte natural.

La filosofía que legó Aristóteles, todavía vigente hoy, se sustenta en la aceptación del mundo como una realidad sensible. Así, frente a las abstracciones de Platón, el pensador de Estagira propone una concepción sistemática y sustancial, a la que se suma su concepción del hombre como principio racional en el que se incluyen sus capacidades de entendimiento y voluntad, es decir, de reflexión y de decisión libre de sus actos.

La felicidad es otra de sus máximas. En este sentido, Aristóteles entiende que el hombre tiende al bien a través de sus acciones y que realizando dichos actos alcanza la virtud, que no es otra cosa que el término medio entre dos extremos.

Respecto a la sociedad, el sabio afirmaba que el hombre es un animal social y como tal vivirá siempre en comunidad y en continua perfección.
A buen seguro que las teorías neoplatónicas de Aristóteles, así como el conjunto del pensamiento clásico, seguirán siendo patrimonio de todos, al menos, otros 2.400 años, cuando no eternas.