SERVICIO CATÓLICO
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Francisco: aprendamos a vivir esperando, como una mujer embarazada

En la Audiencia general saludó al Movimiento católico mundial por el clima y expresó el deseo de que «las Iglesias locales respondan con determinación al grito de la tierra y al grito de los pobres»

 /Ciudad del Vaticano
01/02/2017
 

AUDIO

 

 

                       

 

 

«Cuando una mujer se da cuenta de que está embarazada, cada día aprende a vivir esperando ver la mirada de ese niño que vendrá. También nosotros debemos aprender de estas esperas humanas y vivir esperando ver al Señor, volver a encontrar al Señor. No es fácil, pero se aprende». Papa Francisco recurrió a esta analogía, prosiguiendo con el ciclo de catequesis dedicado a la esperanza cristiana durante en la audiencia general de los miércoles, y recordó que San Pablo invitaba a las primeras comunidades a ponerse la «esperanza de la salvación» como un «yelmo» frente a los «temores y a las perplejidades», empezando por el miedo a la muerte que tenemos todos: «Me viene a la memoria un viejito —dijo al respecto— que decía: “¡Yo no tengo miedo de la muerte, tengo un poco de miedo de verla venir!”».  

 

 

«En las catequesis pasadas hemos comenzado nuestro recorrido sobre el tema de la esperanza releyendo en esta perspectiva algunas páginas del Antiguo Testamento. Ahora queremos sacar a la luz el alcance extraordinario que esta virtud asume en el Nuevo Testamento, cuando encuentra la novedad representada por Jesucristo», comenzó el Papa argentino. Y subrayó que «nosotros, los cristianos, somos mujeres y hombres de esperanza». 

 

Jorge Mario Bergoglio reflexionó sobre la Primera carta de San Pablo a la comunidad de los Tesalonicenses, a la cual el apóstol trata de hacer comprender «todos los efectos y las consecuencias» que la resurrección de Jesús, que había sucedido poco tiempo antes, tiene en «la historia» y en «la vida de cada uno». En particular, recordó Papa Francisco, «la dificultad de la comunidad no era tanto reconocer la resurrección de Jesús, todos creían en ella, sino creer en la resurrección de los muertos. Jesús resucitó, pero los muertos… se les hacía un poco difícil». En este sentido, esta carta se revela de enorme actualidad, porque, «cada vez que nos encontramos frente a nuestra muerte, o a la de una persona querida, sentimos —prosiguió Francisco— que nuestra fe es puesta a prueba. Surgen todas nuestras dudas, toda nuestra fragilidad, y nos preguntamos: “¿De verdad existirá la vida después de la muerte…? ¿Podré volve a ver y abrazar a las personas que he amado…?”. Esta pregunta me la hizo una señora hace pocos días en una audiencia: ¿me encontraré con los míos? Una duda… También nosotros, en el contexto actual, necesitamos volver a la raíz y a los fundamentos de nuestra fe, para cobrar conciencia de todo lo que Dios ha operado por nosotros en Jesucristo y qué significa nuestra muerte. Todos tenemos un poco de miedo de la muerte por esta incertidumbre. Me viene a la memoria un viejito, bueno que decía: “¡Yo no tengo miedo de la muerte, tengo un poco de miedo de verla venir!”». 

 

San Pablo, prosiguió el Papa, «frente a los temores y a las perplejidades de la comunidad, invita a mantener firme sobre la cabeza, como un yelmo, sobre todo en las pruebas y en los momentos más difíciles de nuestra vida, “la esperanza de la salvación”. Es un yelmo. Esto es lo que es la esperanza cristiana. Cuando se habla de esperanza, podemos tender a entenderla según la acepción común del término, es decir en referencia a algo bello que deseamos, pero que puede realizarse o no: esperamos… como un deseo… se dice, por ejemplo: “¡Espero que mañana haga buen tiempo!”, pero sabemos que al día siguiente puede haber mal tiempo… La esperanza cristiana —insistió el Papa— no es así. La esperanza cristiana es la espera de algo que ya se ha cumplido: allí está la puerta, yo espero llegar a la puerta, ¿qué debo hacer? Caminar hacia la puerta. Así es la esperanza cristiana: tener la certeza de que yo estoy en camino hacia algo que existe, no hacia algo que me gustaría que fuera, algo que ciertamente se realizará para cada uno de nosotros. También nuestra resurrección y la de los queridos difuntos, pues, no es una cosa que podrá suceder o no, sino que es una realidad cierta, puesto que está arraigada en el evento de la resurrección de Cristo. Esperar, pues, significa aprender a vivir esperando. Cuando una mujer se da cuenta de que está embarazada —explicó Jorge Mario Bergoglio—, cada día aprende a vivir esperando ver la mirada de ese niño que vendrá. También nosotros debemos aprender de estas esperas humanas y vivir esperando ver al Señor, encontrar al Señor. Esto no es fácil, pero se aprende». Pero, añadió, implica «un corazón humilde, pobre: solo un pobre sabe esperar. Quien ya está lleno de sí y de sus posesiones no sabe volver a poner la propia confianza en nadie más sino en sí mismo». 

 

El Papa concluyó la catequesis invitando a los fieles presentes en el Aula Pablo VI a repetir tres veces una expresión utilizada por San Pablo en la carta citada, una frase que «a mí me toca mucho el corazón»: «Y así, por siempre, estaremos con el Señor»: «Todo pasa, pero después de la muerte por siempre estaremos con el Señor», continuó el Papa, «y allá, con el Señor, nos encontraremos». 

 

Después de la catequesis, el Papa saludó, en particular, a una delegación del Movimiento Católico Mundial por el Clima que participó en la audiencia: «y les agradezco por el compromiso de cuidar nuestra casa común en estos tiempos de grave crisis socio-ambiental. Animo a seguir teniendo las redes para que las Iglesias locales respondan con determinación al grito de la tierra y al grito de los pobres».

 

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