SERVICIO CATÓLICO
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Hay que tratar la Biblia como al celular, “siempre con nosotros”

Durante el Ángelus el Papa explicó a los fieles que las Sagradas Escrituras defienden de las «flechas venenosas del diablo» y con ellas se derrota al mal

 - Ciudad DEL VATICANO
05/03/2017

AUDIO

 

 

                       

 

 

«La Cuaresma es un camino de conversión y una lucha contra el mal», afirmó Papa Francisco. «Hay que familiarizarse con la Biblia: leerla a menudo, meditarla, asimilarla», recomendó durante el Ángelus. La Biblia «contiene la Palabra de Dios que siempre es actual y eficaz». El Papa recordó que «alguien dijo: ¿qué pasaría si tratamos la Biblia como tratamos a nuestro teléfono celular? Si la lleváramos siempre con nosotros, o al menos el pequeño Evangelio de bolsillo, ¿qué sucedería? Si nos volviéramos cuando nos la olvidamos: tú te olvidas el celular... "¡úh! ¡No lo tengo, vuelvo a buscarlo!". Si la abriéramos varias veces al día; si leyéramos los mensajes de Dios contenidos en la Biblia como leemos los mensajes del teléfono... ¿qué sucedería?». 

 

Claramente, prosiguió el Pontífice, «la comparación es paradójica, pero hace reflexionar. De hecho, si tuviéramos la Palabra de Dios siempre en el corazón, ninguna tentación podría alejarnos de Dios y ningún obstáculo podría desviarnos del camino del bien; sabríamos vencer las sugerencias cotidianas del mal que está en nosotros y fuera de nosotros; seríamos más capaces de vivir una vida resucitada según el Espíritu, acogiendo y amando a nuestros hermanos, especialmente a los más vulnerables y necesitados, y también a nuestros enemigos». 

 

El Papa también advirtió a los fieles sobre las «flechas venenosas del diablo» y sobre el «falso atajo del éxito y de la gloria»; después los exhortó a «acoger y amar a los hermanos más necesitados y también a los enemigos». 

 

Además, recordó que acaba de comenzar hace pocos días la Cuaresma, «que es el camino del Pueblo de Dios hacia la Pascua, un camino de conversión, de lucha contra el mal con las armas de la oración, del ayuno, de las obras de caridad». 

 

Francisco reflexionó sobre las Lecturas de este primer domingo de Cuaresma. «El Evangelio introduce en el camino hacia la Pascua, y nos muestra a Jesús que permanece durante cuarenta días en el desierto, sujeto a las tentaciones del diablo. Este episodio se coloca en un momento preciso de la vida de Jesús». Es decir «inmediatamente después de su bautismo en el río Jordán y antes del ministerio público. Él acaba de recibir la investidura solemne: el Espíritu de Dios descendió sobre Él, el Padre del cielo lo declaró "Mi Hijo amado". Jesús está ya listo para comenzar su misión; y porque tiene un enemigo declarado, es decir, Satanás, Él lo afronta de inmediato, "cuerpo a cuerpo". El diablo hace presión sobre el título de "Hijo de Dios" para alejar a Jesús del cumplimiento de su misión: "Si eres Hijo de Dios ...", le repite tres veces, y le propone hacer gestos milagrosos, de hacer el mago, como convertir las piedras en pan para satisfacer su hambre, y saltar de los muros del templo haciéndose salvar por los ángeles». 

  

A estas dos tentaciones sigue la tercera: «adorarlo a él, el diablo, para tener el dominio sobre el mundo». Mediante esta triple tentación, «Satanás quiere desviar a Jesús de la senda de la obediencia y la humillación - porque sabe que así, por este camino, el mal será vencido - y llevarlo por el falso atajo hacia el éxito y la gloria». 

 

Pero, subrayó Jorge Mario Bergoglio, «las flechas venenosas del diablo son todas "paradas" por Jesús con el escudo de la Palabra de Dios que expresa la voluntad del Padre. Jesús no dice alguna palabra propia: sólo responde con la Palabra de Dios. Y así el Hijo, lleno de la fuerza del Espíritu Santo, sale victorioso del desierto». 

 

Durante los cuarenta días de la Cuaresma, advirtió Francisco, «como cristianos estamos invitados a seguir las huellas de Jesús y a hacer frente a la batalla espiritual contra el maligno con la fuerza de la Palabra de Dios. No con nuestra palabra: no sirve —insistió. La Palabra de Dios: aquella que tiene la fuerza para derrotar a Satanás. Para ello hay que familiarizarse con la Biblia: leerla menudo, meditarla, asimilarla». 

 

Al concluir, el Papa pidió a la Virgen María, «ícono perfecto de la obediencia a Dios y de la confianza incondicional a su voluntad, nos sostenga en nuestro camino cuaresmal, a fin de que nos pongamos en dócil escucha de la Palabra de Dios para hacer una verdadera conversión del corazón». 

 

Después el Papa dirigió un «cordial saludo a las familias, a los grupos parroquiales, a las asociaciones y a todos los peregrinos de Italia y de diferentes países». El Pontífice se dirigió particularmente a los «fieles provenientes de las diócesis de Madrid, Córdoba y Varsovia, así como a los de Belluno y Mestre». Saludó también a los chicos del «decanato de Baggio (Milán) y a los que participan en el encuentro promovido por las Maestras Pías Filipinas». Antes de despedirse como acostumbra, deseando a todos un buen domingo, el Papa pidió «un recuerdo en la oración para mí y para los colaboradores de la Curia romana, pues esta tarde comenzaremos la semana de Ejercicios Espirituales». 

 

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