Las virtudes de la realidad sin pantallas

22.AGO.2016 - Fuente: The New York Times

Aceprensa

 

 

Los entornos virtuales están volviendo más segura la vida de los jóvenes. Parapetados detrás de las pantallas, es posible escapar de algunos peligros que acechan en el mundo físico. Pero también cabe el riesgo de que este alejamiento de la realidad se traduzca en más inmadurez, advierte Ross Douthat en The New York Times.

 

Varias estadísticas sugieren que hoy los jóvenes estadounidenses están creciendo en entornos más seguros. Por ejemplo, escribe Douthat, la tasa de suicidio entre adolescentes está bajando, lo mismo que el consumo de drogas y alcohol. Los jóvenes tienen menos parejas sexuales que las que tenían sus padres a su edad, y tienen la mitad de posibilidades de verse involucrados en una pelea por la calle.

Pero estos avances son compatibles con la tendencia a evitar las responsabilidades que marcan el paso de la juventud a la madurez. Así, por primera vez desde hace más de un siglo, hay una mayoría de jóvenes norteamericanos que prefieren quedarse a vivir en casa con sus padres a vivir en pareja; desciende la nupcialidad y la natalidad entre los jóvenes, así como su participación en el mercado laboral.

Para Douthat, esta mezcla de seguridad e inmadurez es característica de “una sociedad cada vez más moldeada por las realidades virtuales de Internet”. En su opinión, el atractivo de los entornos digitales es que pueden funcionar como sustitutos “menos peligrosos” de la realidad: la pornografía, por ejemplo, permite ahorrarse los zarpazos emocionales que acechan en una relación sexual de carne y hueso; los videojuegos proporcionan el entretenimiento y la tensión que cabe encontrar en un campo de fútbol, pero sin el riesgo de lesiones… Pero esta sustitución no forma hábitos ni moldea el carácter.

Douthat se pregunta qué pasaría si esta moda de sustituir la vida real por la virtual acaba llegando a las decisiones propias de la edad adulta: casarse, encontrar un empleo, formar una familia…

De entrada, advierte, los jóvenes de entornos desfavorecidos llevan las de perder. “Los pobres están más tiempo en Internet que los ricos. Y son las élites –en algunos casos y por extraño que parezca, las de Silicon Valley– las que tienden a poner más límites en el uso de dispositivos en casa y en el colegio, para trazar bien las fronteras entre el tiempo de pantalla y el tiempo real”.

Enseñar a los hijos a poner límites al ocio digital no es una exigencia extravagante. Más bien, concluye Douthat, constituye un antídoto frente a los intentos de convertir la realidad virtual en “el opio del pueblo”.