Liderazgo, poder y autoridad  

Álvaro Abellán-García Barrio
 

Fotograma de La espada oculta (The Hidden Blade, Yoji Yamada, 2004)


Un joven samurai, ambicioso y soberbio, quiso desafiar a un viejo y sabio maestro. Al amanecer, acudió a su casa y lo retó. El anciano rechazó el duelo y el joven se puso muy nervioso. Comenzó a insultarle, injuriarle, gritarle… hasta llegó a arrojarle piedras… El veterano hombre de armas ni se inmutó. Al caer el sol, el joven, cansado, enfadado y derrotado en su pretensión, se alejó maldiciendo. Los siervos del viejo maestro acudieron a su amo y le preguntaron: «¿Por qué has dejado que te insultara, injuriara, gritara y arrojara piedras?». Respondió: «Si alguien te hace un regalo y lo rechazas, ¿a quién pertenece el presente?». «A quien quiso hacer el regalo». «Pues lo mismo ocurre con los insultos, las injurias, los gritos y la violencia».

Nosotros tenemos historias similares. Algunas no son leyendas, sino historia. Hubo un joven maestro que pedía fe en la obediencia a su Padre. Predicaba que debemos amar a nuestros enemigos y pronto empezó a recibir insultos, injurias, latigazos, salivazos… hasta que fue crucificado. A todas esas vejaciones no respondió con indiferencia, sino con amor. Cumplió lo que predicaba. Al morir, rezó a su Padre: «Perdónales, porque no saben lo que hacen». No dejó que el odio y la soberbia rebotara sobre aquellos que se la arrojaron, sino que les dio la oportunidad de librarse de todas sus cargas, pesadillas, pensamientos, malas acciones y errores. Quizá dudamos sobre el poder de este maestro (¿Venció incluso a la muerte?), pero no podemos dudar de su autoridad en la historia, pues medimos los años y los días de nuestro calendario por referencia a su vida.

Auctoritas y potestas, distinguían los latinos. Hay muchas formas de liderazgo. Algunas, como la del joven samurai, tienen que ver con el poder sobre los otros. Otras, como la del viejo samurai, tienen que ver con el poder sobre uno mismo. Otras, como la del joven maestro, no tiene que ver con el poder, sino con el amor, la única fuente de autoridad a la que nuestra libertad se adhiere con gusto. La primera forma de liderazgo edifica un mundo de terror. La segunda forma de liderazgo edifica un mundo de indiferencia. La tercera inaugura el único mundo plenamente habitable para los hombres. Un lugar en el que merece la pena vivir. Un lugar que nos hace mejores y más grandes que nosotros mismos. Un lugar donde la vida se ensancha. 
 

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