SERVICIO CATÓLICO
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Llueve sangre

 
 

                              

 

 

Unsplash by Sofía Roblero

Conocíamos con horror cómo el padre Jacques Hamel, anciano sacerdote francés, era pasado a cuchillo por razón de su fe; degollado en su propia parroquia a manos de dos terroristas del ISIS.

Ello escasas horas después de la mayor sangría humana en Japón desde mediados del siglo pasado: cuarenta y cinco personas con discapacidad eran apuñaladas, diecinueve de ellas asesinadas.

Estos crímenes son, hasta ahora, los últimos de una horripilante espiral de ataques y de atentados mortales.

Nos han conmocionado, sí. También las matanzas de Niza, Múnich Quizás por cercanas, por consecutivas, por salvajes, por indiscriminadas. Pero ¡cuánta violencia, cuánto terror sufre el hombre, en tantos lugares del mundo, a manos del hombre! ¿Podemos asistir pasivos? ¿O ello depende de lo que te contaba en este post? (Haz clic aquí).

Hoy tenemos que hablar de la violencia

De la que padeció hasta el martirio un anciano sacerdote, genuflexo. De la que fueron víctimas unos japoneses a quienes -en este caso por su discapacidad- su asesino quería ‘fuera de este mundo’. De tanta como vive a diario el ser humano… por todo lo largo y ancho del mapamundi.

Una violencia que tiene algunas raíces coincidentes con las que te mencionaba en “Mujeres, no objetos“:

  • El error y la perversión de “amar” las cosas y usar a las personas.

  • Algunos “modelos culturales” (me niego a quitarle las comillas) que, al igual que advertía entonces, se difunden en ciertas series, películas, vídeos, videojuegos, etc.

Padecemos violencia física por doquier.

Para constatarla, basta con que te asomes a cualquier telediario, a cualquier digital.

Y junto a esa violencia, la verbal.

En estos últimos tiempos se exhibe y por ciertos ‘personajes’ nacionales o extranjeros hasta se quiere poner en valor ellenguaje soez, la provocación, la injuria. Utilizando, a veces, expresiones agresivas o  nada edificantes. En fin, buscando titulares o remover tripas en lugar dedicarse a trabajar por la convivencia, el respeto y la concordia.

Por no hablar de lo que a veces ocurre en las redes sociales.

La violencia virtual.

Y la brutalidad se nos ofrece también -si no quieres taza, taza y media- con la excusa del “divertimento” en la ficción, en el ocio. Son cosas del negocio.

Ello se lleva a cabo banalizando el valor de la vida humana. Así, por ejemplo, se oferta a nuestros chavales que disfruten digitalmente y sumen puntos y adrenalina en el ‘goce’ de eliminar ‘vidas’. Con pistolas, metralletas o bombas virtuales… idénticas a las de verdad. Con ‘juegos’ que se manifiestan como una loca carrera de ‘a tanto el litro’ de sangre humana.

Violencia virtual, verbal, psíquica, física… Inadmisible. Y alguien debería pensar si algunos barros no pueden traer otros lodos.

Queremos, es necesario, que crímenes como los de Japón, como los de Alemania, como los de tantos lugares… se castiguen. Que se actúe frente a cualquier vulneración de derechos humanos. Que se condene, reprenda y penalice.

Pero junto a la reacción ante los crímenes, necesitamos replantearnos las políticas “preventivas”.

Porque -lo apuntaba en el post anterior- hay “caldos de cultivo” que no son buenos. Que no conducen a nada positivo. No hablo de una relación indefectible de “causalidad“. Pero, con la misma prudencia, creo que tampoco podemos dar por hecho en todo caso la de “casualidad“.

Dichos “caldos de cultivo” hay que erradicarlos. Y, además, ser proactivos en el fomento de políticas de convivencia, de respeto. Cada uno desde donde le toca. Te recuerdo alguna de las citas de “La paz y los portazos“.

Hemos de trabajar por impulsar una cultura de paz

No se juega con las cosas de comer. Eres persona cabal y me entiendes. Y ya que he hablado de jugar… Leía estos días el siguiente titular -que obviamente no es mío-: “El asesino de Múnich mató como en un videojuego.

En la información, el ministro alemán apuntaba la conveniencia de abrir un amplio debate social sobre determinados juegos online en los que la violencia tiene un papel esencial. No es la primera vez que se habla de ello. Siempre, eso sí, “en caliente”.

Ábrase ese debate. Y todos los que hagan falta. Hay demasiada violencia, demasiada agresividad, demasiados desprecios, frivolidad… en algunos ambientes.

Sáquense conclusiones (algunas parecen elementales).

Pero, también, actúese. Otra cosa parecería fingimiento, oportunismo… pura ficción, si no grave irresponsabilidad. O que solo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena. Y en verdad que está tronando. Y llueve.

Llueve sangre inocente de tantos seres humanos, seres hermanos. Y no es cosa de hoy. Aunque hoy haya más alarmas encendidas.

Pedía a Dios el papa Francisco que convirtiera los corazones de quienes causan tanto dolor y de los que, por cualesquiera intereses, alimentan las matanzas. Es más que probable que eso mismo estuviera rogando el padreJacques, arrodillado, a punto de serle arrebatada la vida. Descanse en Paz.

Quiero acabar en positivo. Con la respuesta de una anciana que fue feliz en la tierra a base de entregarse día tras día a los más frágiles, a los desheredados. A la pregunta de ¿qué puedo hacer para promover la paz mundial?contestaba la Madre Teresa: “Ve a casa y ama a tu familia”.

¡A por ello!