SERVICIO CATÓLICO
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Francisco: no más ideas abstractas sobre el matrimonio, la Iglesia está cerca de todos

Audiencia al Instituto Juan Pablo II con sus nuevos dirigentes: es desconcertante constatar la tendencia a cancelar la diferencia sexual; se requiere una especial inteligencia de amor con la familia
 

 ciudad del vaticano
27/10/2016
 

                              

 

 

 

Es «desconcertante constatar» una «tendencia a cancelar la diferencia» sexual. Por el contrario, «cuando las cosas van bien entre hombre y mujer, también el mundo y la historia van bien», y, «en caso contrario, el mundo se vuelve inhóspito y la historia se detiene». Lo dijo Papa Francisco en su discurso al Pontificio Instituto Juan Pablo II de Estudios sobre el Matrimonio y la Familia, cuya cúpula acaba de renovar. El Papa se concentró sobre la necesidad de «desarrollar (a nivel doctrinal y pastoral) nuestra capacidad de leer e interpretar, para nuestro tiempo, la verdad y la belleza» de la familia, recordando que mucho más decisiva que la «lejanía de muchos del ideal y de la práctica de la verdad cristiana» es la «cercanía de la Iglesia», y también por las «situaciones de debilidad humana, para que la gracia pueda rescatarlas, reanimarlas y curarlas».

En agosto de este año, Francisco nombró a monseñor Vincenzo Paglia Gran canciller del Pontificio Instituto, además de presidente de la Pontificia Academia para la Vida, y al teólogo milanés Pierangelo Sequeri presidente del Instituto.

«En la coyuntura actual, los vínculos conyugales y familiares son puestos a prueba de muchas maneras», dijo el Papa. «La afirmación de una cultura que exalta el individualismo narcisista, una concepción de la libertad desvinculada de la responsabilidad por el otro, el crecimiento de la indiferencia por el bien común, la imposición de ideologías que agreden directamente el proyecto familiar, así como el aumento de la pobreza que amenaza el futuro de muchas familias, son otras tantas razones de crisis para la familia contemporánea».

En una cultura en donde se corre el peligro de que prevalezca «cada vez más el “yo” sobre el “nosotros”, el individuo sobre la sociedad», dijo Papa Francisco, «es imposible negar el aporte de la cultura moderna al re descubrimiento de la dignidad de la diferencia sexual, Por ello, es también muy desconcertante constatar que esta cultura parece bloqueada por una tendencia a cancelar la diferencia en lugar de resolver los problemas que la mortifican». Por el contrario, cuando «las cosas van bien entre hombre y mujer, también el mundo y la historia van bien. De lo contrario, el mundo se vuelve inhóspito y la historia se detiene».

Pero «la caridad de la Iglesia se compromete por lo tanto a desarrollar (a nivel doctrinal y pastoral) nuestra capacidad de leer e interpretar, para nuestro tiempo, la verdad y la belleza del plan creador de Dios. La irradiación de este proyecto divino, en la complejidad de la condición de hoy, exige una especial inteligencia de amor. Y también una fuerte dedicación evangélica, animada por gran compasión y misericordia por la vulnerabilidad y la falibilidad del amor entre los seres humanos». Las «dinámicas de la relación entre Dios, el hombre y la mujer, y sus hijos, son la llave de oro para comprender el mundo y la historia, con todo lo que contienen. Y, en fin, para comprender algo profundo que se encuentra en el amor de Dios mismo. ¿Podemos pensar tan “en grande” en esta revelación? ¿Estamos convencidos de la potencia de vida que este proyecto de Dios lleva en el amor del mundo? ¿Sabemos arrancar a las nuevas generaciones de la resignación y reconquistar la audacia de este proyecto?».

Hay que reconocer, prosiguió el Papa citando su «Amoris laetitia», que a veces «hemos presentado un ideal teológico del matrimonio demasiado abstracto, casi artificiosamente construido, alejado de la situación concreta y de las efectivas posibilidades de las familias tal y como son. Esta idealización excesiva, sobre todo cuando no hemos despertado la confianza en la gracia, no ha provocado más que el matrimonio ya no sea tan deseable ni atractivo, sino todo lo contrario». Y, por el contrario, «la gracia existe, así como también el pecado».

El doble Sínodo sobre la familia de 2014-2015 manifestó al unísono «la necesidad de ampliar la comprensión y el cuidado de la Iglesia por este misterio de amor humano en el que se abre camino el amor de Dios por todos», y la «Amoris laetitia» «atesora esta ampliación y solicita al entero pueblo de Dios que haga más visible y eficaz la dimensión familiar de la Iglesia», dijo Bergoglio, que insistió: «el tema pastoral de hoy no es solo el de la lejanía de muchos del ideal y de la práctica de la verdad cristiana del matrimonio y de la familia; más decisivo se vuelve el tema de la cercanía de la Iglesia, cercanía a las nuevas generaciones de esposos, para que la bendición de su vínculo los convenza cada vez más y los acompañe, y también cercanía para las situaciones de debilidad humana, para que la gracia pueda rescatarlas, reanimarlas y curarlas».

El Instituto «está llamado a sostener la necesaria apertura de la inteligencia de la fe al servicio de la preocupación pastoral del Sucesor de Pedro», dijo el Papa. Y recordó que «también los buenos teólogos, como los buenos pastores, huelen a pueblo y a calle y, con su reflexión, derraman aceite y vino sobre las heridas de los hombres». Teología y pastoral van de la mano. Esta tarea requiere «estar arraigado en la alegría de la fe y en la unidad de un alegre servicio a la Iglesia viva en la que vivimos, la Iglesia bella a la que pertenecemos, la Iglesia del único Señor y del único Espíritu al cual nos entregamos como “siervos inútiles”, que ofrecen sus mejores dones. La Iglesia que amamos, para que todos puedan amarla. La Iglesia en la que nos sentimos amados más allá de nuestros méritos y por la cual estamos listos para hacer sacrificios, en perfecta alegría».