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Religión y violencia, un debate lleno de malentendidos

Fuente: The Open University

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A raíz de los atentados de París, el debate en torno a la violencia por motivos religiosos ha vuelto a un primer plano. The Open University (Reino Unido) publicó a finales de 2014 un informe que resume las entrevistas y mesas redondas que la universidad había organizado con algunos expertos en el tema.

Aunque las opiniones son diversas y enfocan el asunto desde distintos puntos de vista, se pueden extraer algunas conclusiones comunes. La primera, en la que coinciden casi todos los autores, es que en los medios se ha simplificado demasiado el papel que ejercen las creencias religiosas en la violencia. Enparte, esto se debe a la sospecha que desde la Ilustración ha caracterizado la forma en que Occidente ha estudiado el fenómeno religioso.

En su artículo, Kate Cooper, experta en Historia del Cristianismo, revisa algunos de los falsos tópicos sobre la religión y su relación con el “espacio secular”. Por ejemplo, critica la idea de que la fe se base en sentimiento irracionales, y que por tanto no merezca la atención de una sociedad “adulta”. Ciertas teorías filosóficas y sociológicas –Cooper habla de Nietzschse, Freud y Weber– han pretendido dar un peso “científico” a estos postulados. La hostilidad o el menosprecio de la religión ha saltado al periodismo, y hace que muchos comunicadores hoy en día no se sientan en la necesidad de analizar seriamente esos puntos de vista. Para Cooper, esto aumenta la falta de entendimiento entre dos mundos que la modernidad concibe como irreconciliables, pero que no lo son. De hecho, explica cómo el concepto de “secularidad” ha sido desarrollado en parte gracias a pensadores cristianos como san Agustín.

 

La falta de cultura religiosa en los medios lleva a atribuir de manera simplista a la religión las causas de algunos conflictos que tienen otro origen

 

Hablando de la tradicional indiferencia de los medios hacia la religión, y más en concreto en el Reino Unido, Jenny Taylor explica cómo esta actitud se ha llegado a considerar como un signo de “honestidad profesional”. En cambio, Taylor reivindica que los periodistas aprendan a mirar la realidad desde la perspectiva de los creyentes, aunque personalmente no compartan esa fe. En concreto, propone la creación de un Instituto de Cultura Religiosa para los medios.

Conflictos políticos catalogados como religiosos

En otros artículos se trata de explicar qué factores fomentan una visión oscura de la religión en los medios. Se habla por un lado de “la tendencia esquizofrénica de los secularistas, que por una parte subrayan el peligro que suponen las perspectivas religiosas para la coexistencia pacífica, y a la vez desprecian a estas como algo irrelevante”. También se denuncia la tendencia a atribuir de forma simplista las causas de algunos conflictos solo a factores religiosos, cuando un análisis más objetivo demuestra que, en realidad, en el origen hay toda una compleja red de motivos, muchas veces meramente políticos.

Como John Wolffe –profesor de Historia de las Religiones en The Open University– explica en su artículo, muchos conflictos que se califican como religiosos tienen en realidad un fondo muy distinto: la disputa territorial (Israel y Palestina), una historia de discriminación por parte de la mayoría religiosa (Inglaterra) o enfrentamientos tribales por el poder (Nigeria). Por eso hace falta ser muy cautos, y tener en cuenta el contexto específico de cada caso.

 

La religión puede ser un factor de estabilidad y paz si se deja de mirar como sospechosa

 

Factor de estabilidad

Si es cierto que la religión puede actuar a veces como catalizador de un conflicto, muchas otras funciona como factor de estabilidad y reconciliación. David Leonard, profesor del Institute for Developmente Studies y experto en el África sub-sahariana, señala cómo “en esta zona la religión ofrece un sistema de ideas que permite soportar situaciones personales difíciles, o sobrellevar el vacío que deja el Estado en muchos aspectos. Cuando se ha perdido el control sobre la propia vida, la religión genera la esperanza de que, de alguna manera, uno mantiene un grado de influencia sobre las cosas que le están pasando”.

Muchas de las amenazas a la seguridad se explican por la exclusión de un determinado grupo o clase social. También en este aspecto la religión tiene un gran potencial pacificador, al ofrecer un único código de conducta para todos, independientemente de su origen. Por todo ello, una de las recomendaciones del informe es contar más con los líderes religiosos para apaciguar los posibles focos de tensión o violencia. A pesar de su potencial, “políticos y activistas parecen reacios a apreciar su ayuda, particularmente en Occidente, donde se da una fuerte división (no solo separación) entre Iglesia y Estado”.

Los autores coinciden en que si se deja de lado esa sospecha hacia las creencias religiosas, y no se atribuye a la fe problemas que tienen otro origen, es posible –y deseable– que la humanidad pase a considerar a la religión como un aliado para conseguir la paz, y no como una amenaza para su seguridad