SERVICIO CATÓLICO
Una cultura que valore la maternidad

aceprensa.com / 17.FEB.2015
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Desde la decisión del Tribunal Supremo en el caso Roe vs. Wade, hace 42 años, las encuestas muestran una y otra vez que las mujeres, en una proporción ligeramente mayor que los hombres, están a favor de poner restricciones al aborto. ¿Cómo es posible que una mujer quiera dar marcha atrás en el permiso que le otorgó la Corte Suprema para abortar?, se pregunta la abogada Erika Bachiochi en un artículo publicado en CNN.

“Como simpatizante que una vez fui del aborto, conozco muy bien la tentación de ver el derecho al aborto como una representación de la igualdad femenina. Después de todo, llevar en el vientre a un hijo inesperado parece interferir en la capacidad de la mujer para diseñar su propio futuro según sus propios objetivos y ambiciones”.

“Tal procedimiento, que es frecuentemente asumido en nuestra cultura como la solución a un embarazo inesperado, intenta remediar una asimetría sexual: el hecho biológico de que las mujeres quedan embarazadas, y los hombres no. Y lo hace poniendo únicamente sobre la mujer la responsabilidad de cuidar de la vida naciente de un hijo, o de prescindir de él”.

“El aborto no espera nada más de los hombres, nada más de la medicina ni de la sociedad en general. El aborto nos traiciona a las mujeres haciéndonos creer que podemos convertirnos en hombres, o sea, en no-embarazadas, para alcanzar la paridad con ellos en lo social, lo profesional, lo educacional. Y si somos pobres, estamos abrumadas, o abandonadas por el padre de nuestro hijo, o si los gastos médicos de nuestros hijos y los nuestros son muy altos, la ‘responsabilidad’ social nos exige que nos deshagamos nosotras mismas de nuestras criaturas”.

Erika Bachiochi se pregunta si realmente era esta la igualdad que buscaban las mujeres.

“Creo que la mayoría de las mujeres desearíamos ver una cultura que nos respete y honre no solo por la miríada de talentos que, como individuos, aportamos a nuestras profesiones, nuestras comunidades y nuestro país. Las mujeres también queremos vivir en una sociedad que, al mismo tiempo, aprecie nuestra asombrosa capacidad para concebir una nueva vida humana”.

“¿Qué tal una cultura en la que la capacidad de ser madres sea reconocida no como un impedimento a nuestro estatus social —y ciertamente no como el único destino de las mujeres que una vez fue—, sino como algo que mueva a todos mostrarles un poco de gratitud?”.

Tal reestructuración cultural, piensa Bachiochi, beneficiaría también a muchos hombres que preferirían dedicar mucho más tiempo y atención a los hijos que lo que quisieron o pudieron en su momento los padres de generaciones anteriores.

Con el derecho al aborto, “le damos a la madre derechos de propiedad sobre su hijo no nacido, igual que tiempo atrás los maridos tuvieron derechos de propiedad sobre sus mujeres”. Le damos el derecho a decidir sobre el destino de un hijo vulnerable “en vez de ofrecerle la infinidad de apoyos familiares y sociales que ella necesita, cualquiera que sea su situación, y en vez de valorar su papel en el milagro de la vida humana”.

Vivimos en un tiempo en que hablar de diferencias biológicas entre los sexos parece desfasado. Sin embargo, “podemos fingir diferencias sexuales que no existen, pero son las mujeres las que cargan con el peso cuando lo hacemos. Ambos, mujeres y hombres, tienen sexo, pero es la mujer la que queda encinta; es la mujer la que tiene que encontrar modos para, con coraje y sacrificio, cuidar del hijo que crece en su vientre, o bien hacer lo impensable y acabar con la vida de su propio hijo. Los hombres pueden tener sexo y marcharse, y con el derecho que Roe les ha otorgado, lo hacen cada vez más”.

“Es tiempo de admitir la verdad —esa hermosa y apasionante verdad— sobre las diferencias sexuales, y modelar la sociedad para que priorice el cuidado de aquellas que cuidan del más vulnerable. Y es tiempo de demandar más, mucho más, a los hombres”.