SERVICIO CATÓLICO
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¿Vientres de Alquiler?

 por Lola Velarde

 

                              

 

 

El Consejo de Europa aprobó en 2012 una declaración sobre los vientres de alquiler afirmando que “la subrogación es incompatible con la dignidad de las mujeres y los niños involucrados y una violación de sus derechos fundamentales”.
También el pleno del Parlamento Europeo, por una mayoría abrumadora y transversal, condenó en 2015 “la práctica de la gestación por sustitución, que es contraria a la dignidad humana de la mujer, ya que su cuerpo y sus funciones reproductivas se utilizan como una materia prima” y estimó “que debe prohibirse esta práctica, que implica la explotación de las funciones reproductivas y la utilización del cuerpo con fines financieros o de otro tipo, en particular en el caso de las mujeres vulnerables en los países en desarrollo, y pide que se examine con urgencia en el marco de los instrumentos de derechos humanos”.

Hoy en España está prohibida esta práctica -la Ley 14/2006 sobre técnicas de reproducción humana asistida establece que “será nulo de pleno derecho el contrato por el que se convenga la gestación, con o sin precio, a cargo de una mujer que renuncia a la filiación materna a favor del contratante o de un tercero”- pero está ya en el debate público modificar esta situación.
El video publicado recientemente por la plataforma internacional Women of the World explica bien las consecuencias de la llamada maternidad subrogada.
Se han dado casos de niños con malformaciones o del sexo no deseado que han sido rechazados o se ha exigido que fuesen abortados. Se da por hecho que se puede alquilar a una mujer (una mujer sin recursos, que es la que en general se acoge a semejante oferta) y que ella puede vivir nueve meses de embarazo sin mayor implicación emocional, tal cual como si de una máquina reproductora se tratara.
Nada de esto, sin embargo, parece ser suficientemente relevante. El deseo es el único criterio. El criterio absoluto, si la tecnología lo permite: lo importante es poder dar hijos a aquél que lo desea.
Esta indiferencia que nos va permeando sin que nos demos cuenta no hace sino deshumanizarnos lentamente, o no tan lentamente. La dignidad humana tiene un valor infinito y si cruzamos ese umbral en que dejamos de respetarla, los perjudicados en último término seremos nosotros mismos. Pero antes sufrirán las víctimas, las mujeres utilizadas, los hijos rechazados, los enfermos, los Down, los que no cumplen los estándares de calidad.
¿Qué está pasando? Ningún partido de la ampliada gama que ahora tenemos en España defiende hoy el valor inalienable de la dignidad humana. Un valor que reconocieron los más diversos países, culturas y religiones, cuando en 1948 se pusieron de acuerdo sobre aquellas cuestiones básicas que son el cimiento de nuestra civilización, reafirmando su fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana (Preámbulo de la Declaración Universal de Derechos Humanos, Naciones Unidas, 1948).
Pero las palabras se han devaluado. Estamos en el intento político de la era de la post-verdad en la que, según la definición del Diccionario de Oxford -que declaró este término la palabra del año en 2016- los hechos objetivos tienen menor influencia en la formación de la opinión pública que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal.
Es el mismo intento político que impulsa la globalización de la ideología de género, una ideología que bajo la aparente apelación al respeto y la no discriminación esconde el férreo propósito de imponer, particularmente en la educación de los niños, un sesgado punto de vista que, además de negar la evidencia biológica, no admite disidencia. Como muy bien expresa Luis Peral, patrono de esta Fundación, el relativismo comprende y justifica todo, menos discrepar de lo políticamente correcto.
Pues bien, es momento de estar en la disidencia. Las ideologías pasan y fracasan, aunque dejan a su paso mucha devastación, sufrimiento y vidas rotas. Una devastación que podremos evitar, siempre que estemos dispuestos a limitar las exigencias de los deseos ante el valor superior de la dignidad humana.

valoresysociedad.org

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