La radical inseguridad - Servicio Católico

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La radical inseguridad

Mother Mary Comes to me

La radical inseguridad de la condición humana
Jean Lauand /Catedrático de la Universidade de São Paulo
(Trad. al castellano: Miguel Ángel García Olmo)


"Il est absurde que nous soyons nés, il est absurde que nous mourions"
(Sartre)

"Mary said: 'Let it be to me according to your word''
(Luke: 1, 38)

"La veneración a María está profundamente inscrita en el corazón humano"
(Martín Lutero [1] )



La radical inseguridad de la vida humana

La vida humana es inseguridad, radical inseguridad. Y el corazón humano, que anhela la seguridad radical, acaba por apegarse a pseudo-seguridades precarias y provisorias como si fueran la seguridad definitiva.

Los antiguos distinguían entre felicidades, realizaciones y esperanzas (en plural, secundum quid) y felicidad, realización y esperanza (en singular, simpliciter). Las secundum quid se refieren a los mil aspectos del "salir bien" -la salud, los negocios, el éxito social, la integridad física y la de los bienes que uno posee, etc.-, mientras que simpliciter se refiere al "salir bien" último, radical y definitivo: to be or not to be será siempre la cuestión [2] . Un nivel radical, último y decisivo (en cristiano, salvación).

En ese sentido, el filósofo alemán Josef Pieper hace notar una profunda tournure de la lengua francesa: la existencia de dos palabras para esperanza, espoir y espérance, aparentemente sinónimas (los diccionarios suelen decir que la primera es más bien coloquial y la segunda "literaria"), pero en realidad lo que las diferencia es el hecho de que espoir se refiere a los aspectos secundum quid, plurales (las mil esperanzas: de curación, de éxito financiero, de clasificación de mi equipo de fútbol, etc.), mientras espérance -¡esta es singular!- es la esperanza definitiva, la del to be or not to be.

Naturalmente, no hay que exagerar la separación de estas dos dimensiones de la vida humana, como si el "éxito definitivo" no se dejase acompañar de las esperanzas que recaen sobre realidades tan importantes como la salud o la paz entre los pueblos...

En todo caso, puede ser que uno esté muy mal en los secundum quid (salud, dinero, prestigio social, etc.) y profundamente realizado, sin embargo, en el simpliciter (y al revés). Pieper llega a hablar de una tendencia  -una especie de ley empírica- de la desesperación profunda a hacerse acompañar de una euforia de seguridad en los aspectos superficiales (el caso Titanic es buena muestra de ello). Nuestra época, que ha apostado por las realizaciones y felicidades (en detrimento de la felicidad y la realización) ofrece toda una confirmación de esa regla. Hoy más que nunca se buscan seguridades: en toda clase de chequeos -del check-up al check-in-, en pólizas, en la indiferencia hacia el otro, etc.

El espejismo de la absoluta seguridad se ha desmoronado junto con las Torres Gemelas el 11 de septiembre. No por casualidad (las agencias de publicidad saben más de antropología que todos los filósofos juntos...), el anuncio más difundido hoy en la tele y en la radio de Brasil pretende asociar la imagen de una vida segura al hecho de ser cliente de un determinado banco (el mayor de Latinoamérica). En ese spot publicitario, el Banco X te ofrece nada menos que la seguridad inherente a las promesas de amor incondicional. Cinismos aparte y desde el punto de vista técnico (y es ahí donde reside el cinismo: en explorar "técnicamente" la existencia humana), el anuncio es una obra maestra: toca el corazón porque la seguridad es, de hecho, el "poder contar con". El anuncio presenta a una pareja de enamorados musitando (con una dulce música al fondo):

Ella - ¿Y si me pongo vieja?

Él: - Yo me pongo viejo también

Ella - ¿Y si me vuelvo fea?

Él: - Yo me vuelvo miope

Ella - ¿Y si me vuelvo triste?

Él: - Yo me convierto en payaso

Ella - ¿Y si me vuelvo molesta?

Él: - Yo te hago cosquillas (ella, discretamente, acusa unas cosquillas)

Ella - ¿Y si me pongo gorda?

Él: - Yo rompo el espejo

Lo que importa en la vida es tener con quién contar: BANCO X, etc.

Ciertamente, el espíritu lúdico brasileño -un intento también de domesticar la inseguridad, pero que acaba por ser la defensa del sentido común- no ha tardado en desenmascarar el espejismo, disparándole el chiste fatal que añade una postrera sentencia al diálogo dulzón:

Ella: - ¿Y si me vuelvo insolvente?

Él: - Entonces estás "jodida", porque el Banco te... (gesto obsceno)

Semejantes falsificaciones son posibles porque, como enseña Santo Tomás -y este es un punto esencial en nuestro análisis-, el ser y el bien creados son participación desde la nada de la criatura en el Ser/Bien de Dios y, así, la consecución de cualquier bien creado (la sonrisa de la persona amada o incluso un vaso de agua fresca en un día de calor) constituye una prefiguración de la felicidad definitiva:

"Así como el bien creado es cierta semejanza y participación del Bien Increado, de igual modo la consecución de un bien creado es también cierta semejanza y participación de la felicidad definitiva" (De Malo 5, 1 a 5).

Esa metafísica de la participación se expresa en el lenguaje coloquial cuando se dice: "¡Sabe a gloria!"...

Tomás, ya en el siglo XIII, discutiendo sobre la felicidad humana en el comienzo de la I-II de la Summa, denuncia avant la lettre los peligros existenciales de nuestra sociedad de consumo: ofrecer al corazón humano, que quiere infinito, la absolutización de bienes limitados, pero que prometen una falsa infinitud. Es el peligro, dice Tomás, de los bienes artificiales (divitiae artificiales) que el dinero puede comprar: falsean la infinitud genuina del corazón (I-II, 2, 1, 3, corpus y ad 3).

Esa es la razón del éxito de las campañas de publicidad que insinúan la felicidad plena a partir de un refresco o un sandwich. Por el mismo instinto de felicidad eterna que hace que los niños sean magnéticamente atraídos por historias que acaban en "...y vivieron felices para siempre", también las agencias nos ofrecen escenas de felicidad imperturbable ligadas a un Big Mac: "Sabroso, como debe ser la vida". Y durante largos años, a la Coca-Cola se le ha asociado el adverbio "¡Siempre!" (que en español traduce no solamente "always", sino también "forever"...). Cabe aquí recordar la expresión árabe -como se sabe las fórmulas cotidianas árabes son a menudo religiosas- de satisfacción: cuando se toma algo muy bueno, sigue la exclamación Dayman! ¡siempre!, que se quede así por toda la eternidad... Y se contesta: Dayman bihayatuka!, ¡Para siempre, con tu vida!...

Ese "instinto" de paz y felicidad duraderas (no por azar la operación "Infinite Justice" ha trocado su nombre por el no menos equívoco de "Enduring Freedom") es tan vehemente que nos deja perplejos cuando nos confrontamos con la realidad, que misteriosamente se presenta como "valle de lágrimas"... Es como si nuestro corazón dijese: "¡no, no tenía que ser así!". ¿Estará esencialmente condenado a la frustración ese deseo de paz, amor y felicidad perfectos?

El misterio de "Lili Marleen"

Únicamente en ese marco del inevitable anhelo humano de felicidad puede entenderse el misterio de aquella que fue la canción más popular del siglo XX: Lili Marleen. El poema que acabaría siendo la letra de la canción lo había escrito en plena Gran Guerra Hans Leip, un soldado alemán. Aparece publicado en 1937 en un libro de poesías de Leip y, al año siguiente, el compositor Norbert Schultze le pone la melodía, que es grabada por la cantante Lale Andersen poco antes de comenzar la guerra. La canción pasó inadvertida hasta que en 1941 Radio Belgrado la emite, entre otras muchas, para las tropas alemanas. En los días siguientes, miles de cartas y telegramas llegan a la pequeña emisora pidiendo que pongan Lili Marleen. El poderoso jefe de propaganda nazi, Joseph Goebbels, intenta en vano prohibir la canción o sustituirla por una versión "marcial". Lo más sorprendente es que los ejércitos aliados –ante la impotente perplejidad de los jefes de ambos bandos- empiezan también a cantar Lili Marleen (en alemán o en versiones improvisadas) y apresuradamente se hace una versión inglesa, grabada por Anne Shelton, que vende en el primer mes cientos de miles de copias... (luego otras muchas cantantes como Edith Piaf, Amanda Lear y sobre todo Marlene Dietrich cosecharán resonantes éxitos con Lili Marleen, que ha sido versionada en 48 lenguas...).

¿Cuál es el secreto de esta canción, que ha rebasado todas las barreras ideológicas, de lengua, etc. y que ha unido profundamente a ejércitos enemigos en guerra, siendo cantada a diario como un himno extraoficial? Una canción masculina, pero grabada por mujeres. Una canción que, incoada en gaita de bolsillo o al acordeón, incita inmediatamente a todo el batallón a desafiar a los grandes jefes...

Se trata de una sutil pero profunda protesta contra el absurdo que es la guerra, evocando aquella infinita sed de paz por medio de una simple farola (entonces de gas) a la puerta del cuartel, donde el recluta se quedaba a conversar con Lili. Y en un halo de nostalgia infinita la canción pregunta: ¿volveremos a encontrarnos junto a aquella luz como antes? Y (implícitamente: en medio de los horrores del frente) del fondo de la tierra y de lo alto del cielo (se juntan cielo y tierra: "Aus dem stillen Raume, aus der Erde Grund...") surge entre la niebla el perfil de Lili y la pregunta: ¿volveremos a encontrarnos junto a aquella luz como antes?

Nótese la mención a la tierra, que corrige la tradición alemana de lanzar el "eterno feminino" al ámbito de lo celestial y etéreo.

La radical seguridad: María y la antropología filosófica

La tradición cristiana, a la vez que afirma que esta vida es "lacrimarum valle" (expresión del salmo 83,7 de la Vulgata, consagrada por los escritos de los padres y doctores y sobre todo por la Salve), presenta también una esperanza: la misericordia maternal de la Madre. No se trata de algo específicamente católico: es Ortega quien repite que la mejor definición de vida humana es "valle de lágrimas" y Hermann Wohlgschaft llega a afirmar que para Lutero las profundas raíces (zutiefst verwurzelt) humanas de la veneración a Maria eran algo evidente (selbstverständliche) [3] .

Siempre que, ante la percepción de la precariedad de la existencia, se trata de buscar delicadeza, acogida, perdón, seguridad, "regazo materno", se recurre -explícita o implícitamente- a María. Ella es la seguridad radical; no la del Ersatz que nos es ofrecida en pólizas de agencias o en promesas de partidos políticos... Ni tampoco la falsa impresión de seguridad que resulta del olvido de ese rasgo esencial de la condición humana, al compás del bullicio de los mass-media o simplemente de la agitación de la vida moderna...

No sé si tras el atentado a las Torres Gemelas ha aumentado el número de clientes del banco aquel. Asistimos, eso sí, a un crecimiento de la devoción a María [4] . El recurso a María -personal y colectivo- está siempre en función inversa a la arrogante autosuficiencia con que un individuo o una sociedad (o una iglesia...) se ven a sí mismos.

En medio de la inseguridad propia de la vida humana (y, sobre todo, la inseguridad última de la existencia), María representa la seguridad radical por dos títulos: maternidad y omnipotencia. Ella une el cariño incondicional de la figura humana, terrena y femenina de la madre a la omnipotencia de su intercesión ante Dios. No se piense que con esto estamos dejando el ámbito de la filosofía para adentrarnos en el de la teología o la mística. No: seguimos en la antropología filosófica y en este artículo nos interesan más los testimonios de Fernando Pessoa, Paul McCartney y Heidegger que los de los poetas medievales o el de Juan Pablo II. Nos interesa, metodológicamente, sólo la experiencia, el fenómeno. Y es por esta razón por la que, a guisa de ejemplo, invocamos las grandes campañas de publicidad de bancos, de Coca-Cola y de McDonald's.

Mas allá de las inseguridades que tienen que ver con la salud, el empleo, el ántrax, etc. se sitúa, como decíamos, la inseguridad radical de este valle de lágrimas. Y ahí, la instancia instintiva y primera es la madre.

De ella habla Fernando Pessoa en el Livro do Desassossego:  

"A fin de cuentas, ¿quién soy yo cuando no juego? Un pobre huérfano abandonado en las calles de las sensaciones, tiritando de frío en las esquinas de la Realidad, teniendo que dormir en los peldaños de la Tristeza y comer el pan dado por la Fantasía. De mi padre sé el nombre; me han dicho que se llamaba Dios, pero por el nombre no me hago idea de nada. A veces, en la noche, cuando me siento solo, le llamo y lloro, y me hago una idea de él a la que pueda amar... Pero luego pienso que no le conozco, que tal vez él no sea así, que tal vez no sea nunca ese el padre de mi alma. (...) Tengo demasiado frío. Estoy tan cansado en mi abandono. ¡Vete, viento, a traerme a mi Madre! [5]

Y Heidegger en Der Feldweg, el sendero del campo, que no conduce a ningún lugar definido, evoca también la figura de la madre (y otra vez encontramos la referencia a la tierra, en contra de la tradición alemana...):

De la corteza del roble cortaban los niños sus barcos que, provistos de remo y timón, navegaban en el arroyo Mettenbach o en la fuente Schulbrunnen. En los juegos, los viajes a través del mundo llegaban todavía fácilmente a su meta y lograban encontrar de vuelta las costas. La ensoñación de aquellos viajes permanecía envuelta en un brillo entonces todavía apenas visible, pero que existía sobre todas las cosas. Ojo y mano de la madre delimitaban su reino. Era como si su tácito cuidado abrigara toda esencia (Ihr Reich umgrenzten Auge und Hand der Mutter. Es war, als hütete ihre ungesprochene Sorge alles Wesen). Aquellos viajes del juego no sabían aún de las travesías en las cuales toda orilla queda atrás. Pero, en cambio, la dureza, y el perfume de la madera del roble empezaban a hablar más perceptiblemente de la lentitud y constancia con las cuales crece el árbol. El roble mismo decía que sólo en tal crecimiento está fundamentado lo que perdura y fructifica: que crecer significa abrirse a la amplitud del cielo y -al mismo tiempo- estar arraigado en la oscuridad de la tierra, que todo lo sólidamente acabado prospera sólo cuando el hombre es de igual manera ambas cosas: dispuesto a la exigencia del cielo supremo y amparado en la protección de la tierra sustentadora. [6]

Ciertamente puede objetarse que, en estos casos, no se trata de María, sino de las correspondientes madres: Frau Heidegger, la Sra. Pessoa o Mrs. McCartney en "Let it be" (que analizaremos enseguida y donde la alusión a María de Nazaret es todavía más fuerte).

Sea como fuere, sigue siendo válido aquel terceto de Dante en la Divina Comedia (que casi que pone la Suma Teológica en verso): tras los múltiples deseos y búsquedas del inquieto corazón humano, vamos buscando un único dulce fruto: la felicidad, plena y definitiva. Es lo que Dante oye al divisar el Paraíso:

Quel dolce pome che per tanti rami

cercando va la cura de' mortali,

oggi porra la in pace le tue fami (Purgatorio, XXVII)

En la misma línea, Tomás de Aquino edifica toda su doctrina de la motivación humana sobre la convicción de que buscar el bien propio es un instinto natural en la voluntad dado al hombre por el mismo Dios:

Primus ... voluntatis actus ex rationis ordinatione non est, sed ex instinctu naturae aut superioris causae (I-II,17,5 ad 3).

Y el hombre no puede no querer su bien, su felicidad:

Appetitus ultimi finis non est de his, quorum domini sumus (I,82,1 ad 3).

Tal es el carácter trágico de la condición humana: el hombre lleva dentro un instinto radical de felicidad, de plenitud de bien... cuya realización no está asegurada. En todo caso, siempre ansiamos el dulce fruto de la felicidad definitiva (y la buscamos -en forma vicaria– “por tantas ramas” de deseos y veleidades.

La "Mother Mary" de Paul McCartney (canción y letra)

           También la conocida canción "Let it be" de los Beatles fue escrita en momentos dramáticos y, aunque Paul McCartney afirme que se trata de una evocación de su madre, Mary McCartney, es muy difícil no ver ahí igualmente a Maria de Nazaret [7] .

           También en esta canción, decíamos, momentos difíciles de la vida ("times of trouble"), hora oscura, noche sombría (hour of darkness, cloudy night), etc. Aquí no se trata de horrores de guerra ni de la percepción pura y simple de la orfandad existencial, sino del derrumbe de todo el proyecto "The Beatles", problemas con drogas, etc. [8]  Entonces, una noche -es el propio Paul quien lo cuenta-, se le aparece en sueños la madre, fallecida hacía diez anos, para confortarle y tranquilizarle [9] . En la misma entrevista, preguntado por el carácter religioso de la canción, afirma: "Mother Mary makes it a quasi-religious thing, so you can take it that way".

En todo caso, es interesante notar que el mismo refrán "let it be", repetido en la canción por María, la Madre, no es sólo -como muchos lectores en lengua española piensan - una fórmula banal del tipo "déjalo estar", "no pasa nada", sino la misma sentencia (speaking words of wisdom: "let it be”) con que María de Nazaret expresa su sabiduría. De hecho, la palabra de sabiduría por excelencia es su fiat de Lc 1, 38: "Hagase en mí según tu palabra...", que en inglés es precisamente "Let it be to me according to your word".

El incondicional amor de María en la poética medieval: el milagro de Teófilo

También en el arte medieval, María representa la misericordia radical para con los pecadores y perdidos: misericordia "químicamente pura". Al igual que en tantos otros temas de la época, esa representación aparece en el famoso Milagro de Teófilo (objeto de innumerables poesías, obras de teatro, vidrieras, etc.). De mi Estudio introductorio a la traducción brasileña (1997), del Milagro de Teófilo de Gonzalo de Berceo recojo los siguientes párrafos:

La estructura temática del Teófilo gira en torno a la intervención de María para salvar a un pecador o a un desesperado, tema corriente en la literatura medieval. En el caso del Teófilo, se da una especial radicalidad en el pecado y en el perdón: ¡Teófilo ha tocado el fondo de la  desgracia y ha llegado a firmar y sellar un pacto con el mismo diablo! Y hasta en  semejantes extremos de perdición logra la Señora su salvación. Nos hallamos aquí ante una raíz fundamental no sólo de la cultura medieval, sino también de su propio eje de equilibrio emocional. En todas las épocas, la inseguridad principal del hombre no se da en su enfrentamiento con factores externos: enfermedades, intemperies o carencia de técnicas de dominio sobre la naturaleza, sino frente a las miserias, descarríos, desvaríos y angustias del propio corazón humano.

El Milagro de Teófilo se sumerge de lleno en la pedagogía de la "seguridad existencial": la figura de María significa la certeza concreta, dada a cada hombre, de un amor absoluto, incondicional y maternal dirigido a él personalmente. Un amor, además, omnipotente y dotado de una infinita capacidad de perdón. Por más miserable, mezquina y desastrosa que haya sido una vida, siempre está ahí -al alcance de la mano- la dulce solicitud de la Madre, que dice al desgraciado que nada está perdido: que él está anclado y tiene "a dónde volver...", y tiene un camino seguro de vuelta preparado por la Señora.

Juan Pablo II y el corazón de María

De ello también nos habla Juan Pablo II. En la Dives in Misericordia, para contextualizar la misericordia radical del corazón de María, el Papa analiza las distintas misericordias en la Biblia y sus diversos términos (cf. nota 52 de la DM).

Uno de esos vocablos que en la terminología del Antiguo Testamento sirve para definir la misericordia es rahamim, que tiene un matiz distinto de la misericordia hesed (una misericordia más bien masculina). Mientras ésta pone en evidencia los caracteres de la fidelidad hacia sí mismo y de la «responsabilidad del propio amor» (que son  caracteres en cierto modo masculinos), rahamim, ya en su raíz, denota el amor de la madre (rehem = regazo materno). Desde el vínculo más profundo y originario, mejor, desde la unidad que liga a la madre con el niño, brota una relación particular con él, un amor particular. Se puede decir que este amor es totalmente gratuito, no fruto de mérito, y que bajo este aspecto constituye una necesidad interior: es una exigencia del corazón. Estamos ante una variante casi «femenina» de la fidelidad masculina a sí mismo expresada en el hesed. Sobre ese trasfondo psicológico, rahamim engendra una escala de sentimientos entre los que están la  bondad y la ternura, la paciencia y la comprensión, es decir, la disposición a perdonar. El Antiguo Testamento atribuye al Señor precisamente esos caracteres cuando habla de él sirviéndose del término rahamim. Leemos en Isaías: «¿Puede acaso una mujer olvidarse de su mamoncillo, no compadecerse del hijo de sus entrañas? Aunque ellas se olvidaran, yo no te olvidaría» (Is 49, 15).

Cuando Zacarías habla de las «entrañas misericordiosas de nuestro Dios», se expresa claramente el concepto de rahamim (traducción latina: viscera misericordiae), que más bien identifica la misericordia divina con el amor materno.

Y así, la encíclica "Dives in Misericordia" habla de la misericordia incondicionalmente maternal del corazón de María:

DM V,9- Precisamente, en este amor «misericordioso», manifestado ante todo en contacto con el mal moral y físico, participaba de manera singular y excepcional el corazón de la que fue Madre del Crucificado y del Resucitado —participaba María—. En ella y por ella, tal amor no cesa de  revelarse en la historia de la Iglesia y de la humanidad. Tal revelación es especialmente fructuosa, porque se funda, por parte de la Madre de Dios, sobre el tacto singular de su corazón materno,  sobre su sensibilidad particular, sobre su especial aptitud para llegar a todos aquellos que aceptan más fácilmente el amor misericordioso de parte de una madre. Es éste uno de los misterios más grandes y vivificantes del cristianismo, tan íntimamente vinculado con el misterio de la encarnación.
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[1]  Martin Luther, Weimar edition of Martin Luther's Works (Translation by William J. Cole) 10, III, p.313. Cf. http://www.mariology.com/sections/reformers.html


[2]  En el fondo, todo el mundo sabe que uno puede estar muy bien de salud, de dinero, de prestigio social, etc. y sin embargo haber fracasado en cuanto a hombre. Y al revés: la enfermedad, la escasez, el desprecio de los demás, etc. no constituyen el fracaso sin más de un hombre. (Naturalmente, caben también las demás combinaciones...).


[3]  Babel und Bibel, S. 164. Edición on line:
http://karlmay.uni-bielefeld.de/kmg/seklit/JbKMG/1991/148.htm


[4]  Cf. p. ej. Arruda, Roldão "O crescimento do marianismo é um dos fenômenos religiosos mais notáveis atualmente", O Estado de S. Paulo, Geral, 21-10-01.


[5]  Livro do Desassossego por Bernardo Soares, Lisboa, Edições Ática 1982, v. II pp. 14-15.


[6]  "El sendero del campo" Traducción y nota de Sobine Langenheim y Abel Posse, publicada en el matutino La Prensa el 12 de agosto de 1979 - http://personales.ciudad.com.ar/M_Heidegger/el_sendero_del_campo.htm


[7] De la canción "Lady Madonna", Paul afirma: "`Lady Madonna' started off as the Virgin Mary, then it was a working-class woman, of which obviously there's millions in Liverpool. The people I was brought up amongst were often Catholic; there are a lot of Catholics in Liverpool because of the Irish connection and they are often quite religious. When they have a baby I think they see a big connection between themselves and the Virgin Mary with her baby. So the original concept was the Virgin Mary but it quickly became symbolic of every woman; the Madonna image but as applied to ordinary working-class woman. It's really a tribute to the mother figure, it's a tribute to women". Miles, Barry. Paul McCartney – Many Years From Now. Secker & Warburg. London, 1997, p. 449.


[8] El mismo Paul habla de las circunstancias en que compuso "Let it be": "This was a very difficult period. John was with Yoko full time, and our relationship was beginning to crumble: John and I were going through a very tense period. The breakup of the Beatles was looming and I was very nervy. Personally it was a very difficult time for me, I think the drugs, the stress, tiredness and everything had really started to take its toll. I somehow managed to miss a lot of the bad effects of all that, but looking back on this period, I think I was having troubles". Ibidem, p. 538.


[9]   It was such a sweet dream I woke up thinking, Oh, it was really great to visit with her again. I felt very blessed to have that dream. So that got me writing the song `Let It Be'. I literally started off ‘Mother Mary', which was her name, `When I find myself in times of trouble', which I certainly found myself in. The song was based on that dream". Ibidem, p. 538

 
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