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Vivir como católicos en un mundo poscristiano

LIBRO / Extranjeros en tierra extraña. Vivir como católicos en un mundo poscristiano



Doce capítulos brillantes, sugerentes y comprometedores. Así se presenta el reciente libro de Charles Chaput, arzobispo de Filadelfia y segundo obispo nativo norteamericano promotor de la presencia de los católicos en la vida pública. Anteriormente escribió Vivir la fe católica: vuelta a los básicos, Dad al César lo que es del César: Servir a la nación llevando la fe a la política.

El autor constata que el cristianismo crece con fuerza fuera del mundo occidental; pero precisamente en estas viejas sociedades «vivimos en un lugar muy distinto al que conocimos en el pasado. El sonido especial que poseía en el foro público la creencia bíblica ha desaparecido». Y surge la pregunta de ¿qué podemos hacer? ¿Qué debemos hacer cuando a muchos nos parece ser forasteros en un mundo extraño que ya no se mueve en las coordenadas en que fuimos educados? ¿Qué debemos hacer cuando «nuestros hijos y nietos no lo son?»

El autor inicialmente presenta cómo hemos llegado a la situación actual. Hay que reseñar que se centra en la sociedad norteamericana, pero en atención al influjo cultural, social y político de la primera potencia mundial, buena parte de estas reflexiones son de aplicación global, especialmente en occidente.

¿Cuáles son las claves culturales, filosóficas, sociales que han propiciado esta nueva realidad? El autor dedica el primer capítulo en centrar el tema. El segundo tiene un contenido especifico sobre la realidad norteamericana; se trata de una síntesis muy sugerente. Del capítulo 3 al 7 se resume el estado de la cuestión: dónde estamos y cómo hemos llegado hasta aquí. Los últimos cinco capítulos «muestran las razones para la esperanza y el modo de vivir como cristianos, con alegría, en un mundo diferente que plantea cuestiones que todos debemos afrontar: ¿Cómo encajar en una nación profundamente cambiada y cambiante? ¿Cómo crecer en la fe? ¿A quién debemos realmente lealtad? ¿Qué ha ocurrido para que nos encontremos en medio de una cultura que creíamos conocer, pero que de pronto nos parece extranjera?

El individualismo hecho cultura

A modo de ejemplo que manifiesta lo sugerente del análisis de nuestro autor, selecciono algunas reflexiones sobre un aspecto: el individualismo, rasgo típico de la sociedad americana que coloniza rápidamente occidente y que aparece con unos sorprendentes perfiles que no son fruto del azar. Junto a raíces históricas relacionadas con la llegada de los primeros colonos, Chaput señala otras cuestiones como la movilidad geográfica, «América es una nación de nómadas». Esta movilidad «tensa la vida familiar e interfiere en la consolidación de comunidades estables a largo plazo» y añade que «el sentido de pertenencia, de anclaje (…) se ha perdido para un gran número de norteamericanos, que se identifican más con su trabajo que con su barrio». La tecnología junto a muchos efectos beneficiosos, también facilita una deslocalización de la oficina al hogar.

La economía ha influido de forma notable, en cincuenta años Estados Unidos «ha pasado de una economía manufacturera basada en la producción a ser una economía del conocimiento basada en el consumo» y esto tiene un gran impacto en la imaginación y la conducta de las personas. «La producción es un asunto de muchos; exige sindicatos gremios y grandes empresas y requiere cadenas de montaje, inversiones e industria pesada y comunidades. El consumo es un asunto privado. Sólo hace falta uno».

Las diferencias entre producción y consumo –cita Chaput– han sido estudiadas, por ejemplo, por el filósofo Zygmunt Bauman que las resume en lo que llama «brecha entre la vida moderna sólida y la líquida». Las sociedades antiguas sólidas basadas en la producción se refugian en la propiedad privada, las gratificaciones pospuestas, la organización racional… Las sociedades líquidas basadas en el consumo se alimentan de los «nuevos comienzos incesantes» y de las experiencias. Lo gratificante es el acto de compra, el producto en sí rápidamente muestra sus limitaciones y será sustituido mucho antes de su muerte natural, simplemente para facilitar una nueva experiencia de compra.

«Es inevitable –escribe Chaput– que este enfoque llevado a la vida, transforme las relaciones personales» y esa mentalidad de sustitución de aquello que ya no produce satisfacción «se extiende a las relaciones de pareja, los cónyuges se encasillan bajo el estatus de objetos de consumo». El teórico social Jeremy Rifkin ya describió la cultura norteamericana como lo más parecido a una «experiencia de pago»; en esta economía tecnificada y mutable, la propiedad se verá como un lastre y el consumidor se encaminará hacia los bienes y servicios en régimen de alquiler. Chaput cita a James Poulos, otro teórico social, que afirma: «comprar significa riesgo y responsabilidad. Alquilar significa no atarte a algo que ya no quieres o no te puedes permitir».

«Pero hay un problema –sentencia el autor siguiendo a James Poulos– sin “una tradición de propiedad cohesiva y orgánica, la libertad no surge, porque ni siquiera puede ser imaginada”; y no puede serlo porque son “los hábitos de experiencia que se desarrollan con la propiedad los que hacen de esa libertad una realidad concreta, encarnada”».

No deja de ser una síntesis personal –y como tal discutible– de la metamorfosis del ciudadano tipo de nuestro tiempo que tiene enormes implicaciones en la vida también de los católicos, que no son ajenos a estas influencias. Que difícil resulta hacerse cargo de los compromisos de por vida en el matrimonio o en una vocación que implique exclusividad…

Propuestas para la vida de los católicos en una sociedad en la que brúscamente no se reconocen

Tal y como indiqué más arriba, los últimos cinco capítulos podemos verlos como unas ideas, unas propuestas para la vida de los católicos en esta tierra que de manera brusca hemos encontrado extraña. Son páginas llenas de esperanza, anclada en el amor de Dios por los hombres y la redención; indica y anima a vivir radicalmente las bienaventuranzas cuyo «objetivo es que vivamos de un modo tal que la verdad se muestre en el amor».

Vivir en cristiano es hacerlo en el seno de la Iglesia; estas reflexiones tienen consecuencias prácticas como su reflejo en el amor matrimonial y la consideración de la familia como una auténtico «santuario contracultural» en el que se pueda saborear la alegría y la libertad que da el Señor. El autor, en otro capítulo, acude a los primeros cristianos y al testimonio de la conocida Carta a Diogneto, que muestra el nervio de la unidad de vida del cristiano que está en el mundo (pagano) pero no siendo mundano, con naturalidad y con heroísmo muchas veces.

Y finalmente la belleza, el amor encarnados, vividos en las realidades cotidianas, en el servicio a los más necesitados. Citando un pensamiento de Vaclav Havel nuestro autor sentencia que «la única forma de combatir la cultura de la falsedad, bajo la forma que esta adquiera, es vivir conscientemente la verdad, en lugar de limitarse a hablar de ella».


Extranjeros en tierra extraña
Vivir como católicos en un mundo poscristiano
Charles J. Chaput
Arzobispo de Filadelfia
Ediciones Palabra
Madrid, 2018
333 pàg.

Comentado por Isidoro Ramos
 
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